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:: CATCH A FIRE - TRADUCCIONES ::


Catch a Fire fueron las memorias venganza de Melanie B. Un libro donde cuenta su dura infancia, sus traumáticas relaciones amorosas y lo vivido con las Spice Girls!. Entiéndelo ahora, por primera vez en castellano y en exclusiva de SpiceHeart!!!.



CAPÍTULO 03: “BAILANDO EN EL TECHO”




Sí, los milagros existen. No sólo bailar me dejaba agotada, sino que lo amaba. En la escuela Jean Pearce de baile (un lugar abandonado en una casa sin calefacción) empezó un feliz viaje en claqué, ballet, jazz y moderno.

Desde el principio Mrs. Wood, quien enseñaba y tocaba el piano, habría gritado “esa chica, hablando, esa chica” (sí, yo). Ella era el tipo de mujer mayor que llevaba vestidos masculinos y gafas floreadas – vestía para una fiesta de té de párrocos, pero era una gran coreógrafa. Su nombre de pila era Jean Pearce y en su día había sido una gran profesora. Era conocida por hacer la coreografía de los shows de televisión Junior Showtime, donde las hermanas Nolan hicieron honor a su nombre.
Teníamos miedo de ella. Era como una mujer loca, totalmente ida, no paraba de trabajar.
Enseñaba la clase un paso y diría “Si no podéis seguirlo, iréis al final”. Tenía un modo extraño de darse cuenta de quien iba mal detrás de ella mientras que ella tocaba el piano. Eso te hacía aprender rápido.
De hecho estaba preparándonos para audiciones, aunque no nos dábamos cuenta en ese momento. En las audiciones de baile eran mostrada una rutina dos o tres veces, y si no lo cogías estabas fuera. No importaba lo bien que lo hicieras o bailaras. Después no habría modo de que te cogieran a no ser que aprendieras rápido.

Desde mi punto de vista era algo que Mrs. Wood tenía sobre las otras escuelas de baile como Mullen’s y Doreen Bird (donde Mel C fue). Ella te enseñaba como coger un baile en pocos minutos. Forzaba tu mente a trabajar sobre tiempo, lo que era un reto fantástico. Sus clases no estaban demasiado llenas pero estaban muy interesados en que ninguno dejara de ir. Nunca hacíamos la misma cosa dos veces, y los bailarines de Mrs. Wood siempre superaban sus exámenes de ballet porque era realmente buena en la técnica de enseñanza.

Inspiraba respeto, incluso si te regañaba hasta el punto en que estabas al borde de las lágrimas y empezabas a odiarla, aún así querías que volviera para poder enseñarle que eras capaz de hacerlo. Nunca debías ser borde ni tampoco querer decirle que se jodiera porque de lo contrario te hacía sentir muy muy muy bien cuando hacías algo bien. Cuando estaba cerca alguna competición daba clases privadas arriba en su ática con la calefacción puesta. A veces su asistente Jennifer daba las clases. Jennifer era una profesora maravillosamente expresiva con un montón de energía y un gran color de pintalabios. Mrs. Wood era una excelente motivadora y sorprendentemente innovadora que nos dejaba traer nuestra propia música y luego tocarla con el piano. Todos nuestros bailes eran un poco extravagantes, no eran los típicos bailes de ballet porque tenían un poco de jazz en ellos. Cuando no había tiempo iba a Jean Pearce tres veces a la semana, incluyendo clases de dos horas y media los sábados a la mañana. Todo era pagado con los trabajos extra de mi madre. Mientras ella trabajaba, yo jugaba. Esto era lo que las madres hacían por sus niños.

La mayoría de los otros niños tenían clases privadas todas las semanas. Pero mi madre sólo podía permitirse las clases principales con ocasionales clases privadas. “si quieres ser tan bueno como los otros” decía “tendrás que dar clases privadas en tu habitación enfrente del espejo”. Así que practicaba sin parar en casa. Trabajé duro, como mis padres me habían enseñado, pero incluso ellos estaban asombrados por mi decisión por mejorar. No dejé Jean Pearce hasta que fui al colegio al baile. Allí conocí a mis tres mejores amigos de la infancia: Charlotte, Rebecca y Carly. Charlotte y Rebecca son todavía mis mejores amigas hoy en día. Charlotte sigue siendo como era, pequeña, extrovertida y llena de vida. No es la típica chica rubia del todo. Tiene un gran juicio sobre las cosas y le echa huevos. Nadie podría decirle nunca lo que debía hacer cuando era niña. Charlotte tenía una hermana mayor llamada Lisa, que era una de las grandes chicas en Jean Pearce. Tenía idealizada a Lisa y a su amiga Llody cuando trajeron pequeñas cajitas de caramelos de Japón para Carly y para mí después de un trabajo. Me sentí muy especial. Significaba que éramos sus favoritas. Lisa era rubia y adorable, quería ser como ella, una gran bailarina con piernas largas y pelo rubio, aunque supe que nunca tendría el pelo rubio, obviamente. (bueno, no hasta que yo fui directamente rubia en mi primer “This is my moment”. Sí, al final lo tuve realmente).

Para mí Carly era Miss Perfecta. Conectamos desde el momento en que nos conocimos. Luego, sus padres me llevaban a comer los domingos, en días libres e incluso de vacaciones con ellos. Más o menos me adoptaron por un tiempo. Tenían una gran casa que era el paraíso porque podía hacer diez volteretas en su pasillo. Mi madre tenía jabón, desodorante y un bote de perfume, pero la cómoda de la madre de Carly estaba llena de productos. Pienso que fue sobre esta época cuando empecé a darme cuenta de mi obsesión con los artículos de perfumería. Era horrible para mi madre porque le preguntaba “por qué no tenemos una casa como la de ellos? No quiero vivir aquí nunca más, quiero vivir en la casa de Carly”. Por otra parte, Carly no podía aguantar para pasar tiempo en mi casa porque era muy chapucera, podía haber comida volando por todas partes y la hora de acostarse era muy caótica y la casa parecía muy desordenada con todo el mundo yendo y viniendo.

La casa de Carly era mucho más grande. Nos sentábamos a cenar en una graaaaan habitación. Había un baño bajando las escaleras y Carly tenía su propia habitación para vestirse. Tenía su propio guardarropa y un gran baño de color melocotón y gris. Incluso tenía un estudio de baile donde ella practicaba todos los bailes. Éramos muy iguales mentalmente y solíamos cantar duetos juntos. Para mi la casa de Carly era pura “Dinastía” y era muy afortunada de haber tenido esa experiencia porque de otras maneras nunca habría conocido que ese tipo de vida existía a parte de existir en la televisión. También me encantaba ir a casa de su amiga, al final de la calle, porque tenían puertas eléctricas en la sala de estar. Era como una de la familia, pero Carly iba a un colegio privado y yo tendía a meterme en su vida y luego salir de ella otra vez. Cada temporada había concursos de baile de todos los niveles desde novatos, principalmente en los halls de la escuela. Encontré muy estresante bailar en el escenario delante de un montón de jueces, y eso sin mencionar a los siguientes bailarines y a las padres y madres de todo el mundo y sus parientes. Solía encontrarme inquieta hasta el punto de sentir que tenía ganas de vomitar, sudando y arrejuntarme en la parte de atrás del escenario. Pienso que por eso era por lo que no tenía los nervios antes de actuar, los usaba todos cuando participaba en una actuación en los primeros concursos.

Se llamaba a un número antes de que salieras “y ahora tenemos al número 8, Melanie Brown!”. Salías de los bastidores, tomabas tu posición y esperabas a que la música empezara. En ese momento tu miedo escénico se convertía en un intenso latido de tu corazón.
El sentimiento de alivio y alegría cuando salías del escenario habiendo recordado todos tus pasos era increíble. Era un gran zumbido para entretener a la audiencia, más que un zumbido de hecho. Eso es lo que era. Cuando tenía nueve años, había descubierto lo que quería hacer con el resto de mi vida.
Al final de cada concurso todo el mundo se ponía en fila en el escenario sujetando sus números. A veces era una espera de más de 10 minutos antes de que los jueces decidieran los resultados, y Charlotte y yo solíamos dejar caer nuestros números, recogerlos, y dejarlos caer otra vez, sólo por tener algo que hacer. Cuando se anunciaba el ganador, nos poníamos dramáticas simulando una gran escena exagerada de tristeza y decepción y desesperación para entreternos. Si por otra parte, ganábamos, dábamos un grito y mirábamos a cada persona de una manera muy sorprendida. Tonteábamos mucho.

Preparase era genial. El camerino solía tener suelos de roble, espejos en las paredes y muchas madres maquillando a sus hijas. Cada escuela de baile tenía una pequeña diferente manera de aplicar el maquillaje. En la escuela Mullen de baile, ponían azul y blanco en sus cejas y puntos rojos en las esquinas de sus ojos para que parecieran más grandes, colorete y brillo rojo de labios era universal, desde luego.
Te marcaban en tu presentación, el pelo y el maquillaje tenían que estar perfectos, tu madre te hacía la ropa, al principio a tu madre no le gustaba pero mejoraba con el paso de los años. Si necesitábamos sombrero, encontraría un gran yogur o un cartón de margarina y pegaría material y flecos alrededor de él con goma elástica añadida y presto! Un sombrero!. Afortunadamente la ropa, la canción y los bailes se hacían delante de las chicas mayores. Una vez acabado de hacer un baile antiguo de Charlotte para These boots are made for walking y llevaba una cazadora azul bolero del World of dance en Leeds sobre un leotardo rojo, con mi pelo echado para atrás a lo alto, casi como una coleta. Al final del concurso, tenías que coger un trozo de papel con los comentarios de los jueces, te daban un diploma y una medalla si quedabas primera, segunda o tercera, coleccionar medallas era la mayor obsesión de todo el mundo, todavía sigo teniendo todas las mías. Mrs. Wood organizaba viajes para ver los shows del viejo Oeste como Cats o Miss Saigon en tour y si alguna de las grandes chicas estaba en algún teatro cogíamos un autobús todos juntos para apoyarla. Lisa era brillante con Singing in the rain en Manchester. Todos en mi escuela de baile tenía ambiciones de estar en un show del viejo oeste. Y de hecho, la mayoría conseguían llegar a estar en algún show del viejo oeste, como así pasó.

Tres veces mi madre y mi padre Danielle y yo fuimos a Skegness a pasar una larga semana de festivales de baile cuando estábamos en el puente de Mayo. Los bailarines de las diferentes escuelas se conocieron allí con los padres y las madres de todo el mundo. La mayoría de los papis se emborrachaban mientras que las madres ayudaban a sus hijos a estar listos para los concursos. Pero no solo se trataba de bailar, pasábamos un buen rato en la playa y en el parque de atracciones también . Las madres de Jean Pearce tenían una lista de pensiones por adelantado e intentaban reservar a todo el mundo en una misma habitación. En Skegness estabas con la gente de tu escuela. “oh! Ella es del Mullen, ella es del Doreen Bird!” Siempre había un poco de tensión allí, pero no lo veías como competitividad era más bien una rivalidad de mentira. La experiencia entera era un aliciente para mi confianza.
Danielle tenía tres años la primera vez que fuimos. Ya había empezado a bailar y fue elegida entre las mejores del festival al final de la semana. Tocó una pequeña pieza en solitario al final del show, enfrente de los directores de Skegness. Me ofrecieron hacer un dueto con una chica llamada Joan Long “The lady is a tramp”.

Habíamos ensayado el baile unas pocas veces antes de que estuviera harta de él. Odiaba el horroroso traje que tenía que llevar y lo consideraba increíblemente infantil. Era todo blanco con un corpiño muy ajustado cubierto con lazos rojos y una falda fru-fru. Empecé a quejarme sobre eso cuando estábamos cambiándonos y poniéndonos el maquillaje, y al tiempo que estábamos preparadas decidí que no iba a ir, no en ese vestido.
Joan empezó a llorar fuera, así que mi madre la encontró y la consoló. Si yo bailaba el baile una última vez, nunca tendría que volver a hacerlo. Ella dijo. Finalmente volví cuando la escuché diciéndole a su madre que tendrían que buscar otra compañera de The Lady is a tramp en el futuro. Como Charlotte, no era una de esas niñas que iban a hacer cosas sólo porque sí.

Los campeonatos de Miss Dance eran la cumbre del circuito de la competición (y nunca llegué allí!) Era un gran evento, en el cual te permitían participar cuando llegabas a los 18 años, estaba fascinada por el display de salsa que estaba en el escenario mientras que los jueces estaban fuera, embelesados cuando la nueva Miss Dance era presentada con una corona y una banda. Una chica de cada escuela tomaba parte y tenías que estar en el autobús a las 5 de la mañana para animar a los tuyos, tomando una carta de buena suerte contigo. Éramos como una larga y extendida familia. Miss Dance era un gran acontecimiento y se respetaba y se apoyaba a quien quiera que fuese tu chica.
No podía agotarme de tanto baile, así que cuando mi madre oyó que había clases nocturnas que tenían lugar en la carretera de la escuela del Sagrado Corazón, le supliqué que me dejara ir. La mujer que las llevaba se llamaba Nadine, una profesora muy seria pero que se preocupaba. Ahora lleva la Northern School of Contemporary Dance en Chappeltown.

Nadine empezó cobrando 20 o 30 peniques por clase. Tenía planeado empezar clases para niños, pero nadie se apuntó, así que me permitieron ir con los estudiantes mayores, incluso cuando sólo tenía nueve años. Fui la favorita de Nadine durante un largo tiempo “me gustaría que Melanie viniera a mi colegio de baile cuando lo monte” le decía a mi madre. Fui al Sagrado Corazón dos veces a la semana durante dos años, era genial porque solíamos bailar al son del ritmo y los bombos en directo. Desde que era baile contemporáneo fuimos encargadas de ser tan expresivas y creativas como quisiéramos.
También me encantaba actuar, pero las clases eran muy caras. Cuando teníamos 10 años, Sherrel y yo íbamos a clases particulares de drama en Headingley durante un año más o menos (después mi madre dijo que no se podía permitir más). En vez de eso, solía tener la costumbre de actuar delante del espejo, me hacía llorar a mí misma y luego consolarme. “Para de llorar”, decía en una voz gentil antes de que me metieran otro papel – contenta? Enfadada? Alucinada? Con miedo? En adulación? Me sentaba allí para ver que pasaba durante horas, hablando para mí misma, amando cada minuto.

Durante las vacaciones de semana santa participábamos en una competición juntas. Hice mi turno en solitario – Coco el payaso – después Sherrel y yo actuábamos en una escena en la que teníamos un gran argumento. En el transcurso del argumento una de nosotras tiraría una taza que se suponía que tenía que romperse en el suelo, ingeniosamente mi madre cortó un plástico y lo pegó en la taza junto con cinta Scotch, así que cuando lo tiraras parecería romperse.

Bernie y mi madre reían histéricamente durante toda nuestra escena, no porque la encontrara divertida sino porque estaban nerviosas por nosotras. Ahora Bernie solía coger un poco de pánico y al final de nuestra actuación estaba en el medio de un estado de histeria y tenía que salir de la sala. Siempre tenía que pasar algo cuando actuábamos juntas. A veces llevaba amigos a casa y mi madre y Bernie los vestían embarazosamente en mis trajes de las competiciones de baile, cosas como mi vestido Hungarean bordado con cuentas. Qué vergonzoso para mí ver eso! La vida nunca fue aburrida.
Tal y como mi amor por el baile y por el teatro aumentaba, mi interés por la escuela empezaba a caer. Cuando tenía 9 años hubo una crisis entre los profesores de enseñanza y unas largas huelgas irrumpieron la actividad de mi escuela. Tenían mucha simpatía por los profesores y creí que el valor de la enseñanza estaba muy poco valorado, pero las huelgas significaron que nunca parecía tener una semana completa en el Kirkstall Road Primary, que no hizo mucho por mi educación. Mi padre solía llevarme a entrenar para prepararme para el día de los deportes. Nos vestíamos de manera deportiva, conducíamos cerca de la West Yorkshire Television y jugábamos a juegos de correr y al fútbol. Realmente me empujaba. Era como una escena de Chariots of fire, o algo así. “Venga Melanie, puedes hacerlo! Puedes hacerlo! Venga!” como resultado solía ganar en todos los deportes del día, era brillante. Pero sobre este tiempo la actitud de mi padre hacia mí empezó a cambiar. Siempre fue bastante estricto pero de la noche a la mañana apagaba su lado emocional y afectivo que tomé por seguro y cambió a un lado más disciplinario. De repente las normas reemplazaron a los abrazos. Sólo podía especular el porqué mi padre nunca me dio una explicación lógica de este cambio repentino. Pienso que fue probablemente en una edad cuando yo empecé a pensar por mí misma, cuestionando las decisiones de mis padres y preguntándoles de nuevo, así que quizá mi padre tuvo un sentido de control alejándome de él, y a él le gusta tener el control. Mi madre sugirió que mientras que Danielle y yo empezáramos a crecer, tendría miedo de perdernos. Parcialmente culpó a su educación del oeste de Indiana. Tener total respeto hacia tus padres es la mayor parte de su cultura y eso estaba instalado en él desde una temprana edad, así que desde luego trató de pasárnoslo a nosotras. También tenía mucho miedo de que en el caso de que fuera estricto con nosotras, nos fuéramos de los raíles y acabáramos vagabundeando por las esquinas de las calles besando a tíos y fumando cigarrillos. Lo que es más, pensaba que mamá era muy suave con nosotras y trató de compensarlo teniendo un control mayor. Empezó a imponer toda clase de reglas y regulaciones. No bajar las escaleras a no ser que estuvieras completamente vestida, no comer en la habitación principal, acostarse a un cierto tiempo, justo en ese minuto, los amigos tenían que llamar a la puerta y no tenían permiso para entrar en casa y más y más y más. Incluso tenías que lavar de una cierta manera. Cuchillos y tenedores primero, luego los platos pequeños seguidos de los platos grandes y finalmente tenías que empapar el pan. Era como estar en la armada “tú, TIENES que tomar tu desayuno antes de ir a la escuela!” No parecía que tuviera que tomar el desayuno para darme energías o fuerza, era sólo tienes que tomar el desayuno, como si fuera algo fijado o como si hubiera algún tipo de contrato con el desayuno.

No había flexibilidad en este mundo, si estaba viendo una película que terminaba a las 9:05, no se me permitía estar un poco más por los 5 minutos después de la hora de irme a la cama a las 9. Mi madre a veces tenía que ver el final de Dallas y Dinastía y contármelo a mí después a la mañana siguiente porque no podía ser la única persona de mi clase que no supiera cual había sido el final de ese momento escachiflante del episodio.

Si hacía algo mal enfrente de mi madre, ella explotaría y me daba una bofetada , en el sitio en el que fuera. Con mi padre nunca hubo una reacción espontánea, sería el siguiente miércoles después de la escuela a las 6 “recuerda lo que acabas de hacer porque te voy a castigar durante una semana”, amenazaba. La anticipación era peor que el castigo, odiaba los días precedentes. Sabía exactamente lo que iba a pasar. Andaba en una habitación silenciosa, siendo abofeteada (por su mano o un cinturón) para después levantarme e irme de la habitación sin decir una palabra. A veces solía contar las bofetadas en alto porque si yo era traviesa dos veces en una semana, tendría una doble dosis. Era muy cruel, aunque extrañamente práctico. En medio de un desesperante torbellino de vida y trabajo, a veces todavía me levantaba en un dulce pensamiento preguntándome ¿Qué voy a hacer hoy? Ese mismo sentimiento de ansiedad que experimentaba cuando me abofeteaban. Solía abrir mis ojos con el corazón herido, pensaba. Todavía tengo 4, 3, 2 días que quedan. Le tenía temor. A veces incluso pensaba que era traviesa a propósito sólo para atraer la atención de mi padre por unos minutos.

Todas las niñas pequeñas querían para ellas que sus padres les dijeran “tú eres fantástica y maravillosa”. Yo quería que el mío estuviera orgulloso de en lo que fuera, que fuera buena, y me diera su aprobación. Pero no lo conseguí hasta años después (incluso en este día busco a mi madre para reafirmarme y la conseguía) pero no buscaba la opinión de mi padre porque quería que viniera de él primero. Cuando me elogiara, me traería lágrimas a los ojos. Desafortunadamente cuando iba creciendo él se iba haciendo más crítico y rara vez me elogiaba. Sólo estaba interesado en la educación, de hecho estaba obsesionado con ella – de nuevo el producto de la educación del oeste de Indiana.
“Tienes que conseguir Sobresaliente, Notable y aprobado en todo”, insistió “tienes, sino voy a parar tus clases de baile” estaba constantemente en el borde pensando mierda! No me preocupa mi educación. Sólo quiero bailar. Era de inteligencia media en la escuela, pero no brillante, y sentía su decepción en este punto. Ahora él dice “me gustaría haber estado más metido en tus clases de baile porque es lo que está hecho para ti”.

Mis padres no suelen estar nunca de acuerdo sobre mí. Mi madre me solía decir una cosa y mi padre me decía otra. Yo decía: “Bueno, no, mi madre dijo...” y él decía “bueno, mmm, eh, lo que quiera que tu padre diga, vale”. Mi madre hacía una mueca como diciendo “no es mi culpa, es suya”
En contraste, mi madre era pan comido, la estrictez de mi padre fue una pesadilla para todos nosotros, y cuando él no estaba – fuera en los viajes nocturnos – no había normas aunque ella no nos dejaba llevar las cosas demasiado lejos. Ella también tenía sus debilidades. Tenemos que chupar, no mascar, nuestros crispies mientras estábamos viendo la televisión. “Es irritante cuando tienes a dos niños mordiendo crispies mientras esperas concentrarte!” Se quejaba. Pero ella estaba un millón de veces más relajada que mi padre. Nos íbamos para cama cuando estábamos cansada, no a una hora fijada. Hacíamos obras y cantábamos y bailábamos pasando un buen rato. Mamá disfrutaba con sus niñas. Pensaba que los problemas de mi padre estaban ahí desde su difícil infancia. Él tampoco tenía idea de lo difícil que era negociar con sus hijas según iban creciendo.

Había un montón de gente negra y asiática viviendo en Leeds, pero casi nadie era de raza mixta, así que mucha gente no sabía si llamarnos a mí y a Danielle “negrita” o “paquistaní” (en el idioma original “paki”). Era como “bueno, que eres tu entonces? Tú tienes la piel clara, tus ojos son diferentes, tienes nariz europea, tus labios no son los típicos gruesos, tu cabello es diferente, entonces, qué eres?”
“Bueno, soy un poco de todo, tengo lo mejor de ambos mundos” decía dudando, recordando la explicación de mi madre. Mi madre dice que Danielle tiene lo peor porque ella no tiene ningún amigo con raza mixta mientras que yo tenía a Sherrel. Sherrel y yo parecíamos gemelas, así que al menos tenía a alguien con el que poder identificarme. Pero todavía tenía persecuciones de casa a la escuela Kirkstal Middle a la edad de entre 11 y 12 años. Literalmente perseguida a casa y era un camino de 15 minutos. Los otros niños querían batearme por el color de piel que tenía, pero realmente no podía entenderlo en ese momento.
Por qué no puedes ir a la escuela y quejarte? Preguntaba mi madre a mi padre. Cada vez que llegaba a casa totalmente exhausta y sin aliento, mi padre decía “no, tu tienes que vencer tus propias batallas” y mi madre decía “no, tu tienes que luchar tus propias batallas” Supongo que me enseñaban a valerme por mí misma. Los padres de los demás compañeros solían ir y quejarse de si Tom tenía una pestaña rota en la escuela mientras yo estaba corriendo a casa gritando “rápido, cierra la puerta ahora!” pensando, por qué nadie da la cara por mi? Me di cuenta de que tenía que hacerlo por mí misma y desde entonces siempre tuve.
Pero pienso que si hubiera un padre en una situación similar, confrontaría el problema con el profesor y el jefe de estudios. Los empujones no deberían estar permitidos. Para ser sincera es como la anorexia, es un tema caliente estos días de lo que era cuando estaba en la escuela. Era muy afortunada de que mis padres fueran tan guays sobre el racismo cuando estaba creciendo. Respetaban todas las culturas y las mezclas de ellas y estaban felices sobre ello, lo que era algo raro. Me enseñaron siempre a respetar a los negros y a los blancos. Me había dado cuenta de que los niños de raza mezclada podían sentirse realmente confundidos si sus padres pensaban de una u otra manera y tenían prejuicios en contra de los blancos o de los negros, porque ellos se convertirían alineados de un lado o de otro.
Es difícil porque tienes tus comunidades negras y tus comunidades negras, hay iglesias negras e iglesias blancas, judías, budistas, musulmanas y otros lugares de oración. Pero no tienes nada oficial de la gente de raza mezclada.
No estoy diciendo que la raza mezclada es una cultura definida ni que tiene historia, bueno, tiene una historia pero ha sido tabú durante mucho tiempo porque la gente ha estado muy dividida. Desde hace siglos, los niños de raza mezclada, estaban mayoritariamente asociados con ser productos de violaciones, resultado de encuentros forzados entre maestros y esclavos en encuentros de plantaciones. Eran ignorados y su existencia se cubría con una alfombra como si fueran parte de una historia olvidada. Las cosas han cambiado ahora. Estamos empezando a mezclarnos más y tienes gente que son cuarto de esto, medio de esto otro y cuarto de algo más, lo que es fascinante. El único problema es que hay muchos niños creciendo que no se sienten pertenecientes a ninguna parte. No identifican si son blancos o negros.
Tuve problemas al saber en donde encajaba a veces. Tenía amigos negros, pero también tenía amigos blancos. Y algunos de mis amigos negros estaban completamente en el lado negro, pasando de los blancos, mientras que algunos de mis amigos blancos estaban completamente en el lado blanco y no tenían ni idea acerca de la cultura negra. No tenían ni idea de todo el sufrimiento que habían pasado.
Yo era diferente a otros niños de raza mixta en la escuela porque nunca elegí un lado sobre el otro. Me llevaba bien con todo el mundo y como resultado me llamaban “generosa” – negra por fuera y blanca por dentro. Me recuerdo pensando “ por qué me llaman eso?” mis padres tenían amigos negros y amigos blancos y pasaban tiempo con la familia de mi madre y con la familia de mi padre, así que mi familia estaba bien mezclada, incluso la música que escuchaba en casa – desde Aswad hasta Eurythmics.

Cada vez que iba a casa de mi abuela negra, limpiaba toda la porcelana china antes de subir al ático y probarme sus viejas ropas. Era su primera nieta y me sentía privilegiada de que me permitiera ver su material y las cosas viejas de mi padre. Ese ático era una habitación llena de memorias de mi abuela que no podía dejar ir. Es una acaparadora como yo. Tengo todo, desde el pasado también.
Mi abuela negra y mi abuelo vivían en una gran casa con 5 pisos en Chappeltown. Tenían extraños inquilinos con el paso de los años. Uno de ellos estaba siempre bajando las escaleras por un trago de brandy.

Tenían una habitación en el piso de abajo equipada con un orinal, tu solo lo echabas en la cacerola y lo tirabas por la mañana. No pensaban que era algo extraño del todo. Su sala principal que daba a la calle, tenía muebles bonitos con plásticos que los cubrían, por supuesto.
Mi abuela estaba metida en la religión y en rezar. Si jurabas o decías algo sobre alguien, ella rezaba una oración por ti, “ oh dios mío! Bendice su corazón y reza a los dioses”.
Tengo recuerdos muy felices de estar sentada en la cocina viendo la televisión vieja, mientras que el abuelo ayudaba a la abuela a preparar los aperitivos. Tenían géneros tradicionales. en la cultura del viejo oeste, el trabajo del hombre es traer a casa el dinero. En el momento en el que se lo daba a su mujer, el trabajo estaba hecho, ella hace todo lo demás, desde pagar la renta hasta cocinar, limpiar y cuidar de los niños.

El abuelo era un conductor de taxi y tenía un tic en el ojo. Es un mirón. A veces se ayudaba en su apariencia juvenil. Ahora es muy chic, al menos muy chic y pijo. Su pelo está siempre perfecto. Disfrutaba sus partidas de dominóes en el centro Mandela y bebía su whisky, brandy.... Es un gran orador, me quedaba encantada con sus historias.
La abuela era la sensata, que llevaba la casa y mantenía a todos juntos. Mi padre la encontró intimidando pero recuerdo que ella reía mucho. Una mañana corrí a su habitación y salté en la cama mientras ella y el abuelo se acababan de levantar. Mientras me di cuenta de que la abuela estaba riéndose entre dientes. Qué loca! Susurraba la abuela. Estás muy loca.

Chappeltown es una comunidad muy unida. Nunca fui Melanie, fui la nieta de Iris y Jim, la nieta de Wingrove (sin fallar a la abuela llamaba a mi abuelo por su segundo apellido, el apellido de su madre).
Parecía asustado de su madre. A menudo estaba en silencio en el autobús o en la casa cuando se estaba preparando. El resto del tiempo estaba pensando “me voy a meter en problemas hoy!”.
“Sabes lo que ha hecho mi papa?” empezaba así. Después tenía que inventar cosas o exagerar la verdad. Solía ser algo así como “él venía y uno de los profesores se quejaba de mí y él no daría la cara por mí aunque tuviera un sobresaliente en esa asignatura”. “digo, Wingrove” ella llamaría. “ven a la cocina y friega”.

Detrás de la puerta de la cocina , se iría en una, no sólo sobre mí sino volviendo a sus asignaturas favoritas – su vida y educación y como ella lo crió no para ser así con sus hijos y como esperaba que guiara el camino. Podía hablar realmente rápido mientras mi padre se quedaba enfrente de ella con su cabeza pensando. No entendí una palabra de lo que dijo, sólo pensé que era divertido, pero ahora me di cuenta de que debió haberle causado a mi padre mucho miedo. Fue la única grieta en su armadura, aunque la única manera en la que yo podría devolverle el pago por como me había tratado. Irónicamente le hubiera hecho sentirse peor.

En cierta parte es extraño que él fuera tan disciplinario después de haber tenido tantas dificultades con su propia madre y rebelándose contra sus propias reglas y regulaciones, deberías pensar que él debería haber aprendido la lección y que intentaría estar un poco más relajado cuando le tocara convertirse en padre, en vez de eso, era estricto y sin emociones como ella había sido. Lo odiaba.

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