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:: CATCH A FIRE - TRADUCCIONES ::


Catch a Fire fueron las memorias venganza de Melanie B. Un libro donde cuenta su dura infancia, sus traumáticas relaciones amorosas y lo vivido con las Spice Girls!. Entiéndelo ahora, por primera vez en castellano y en exclusiva de SpiceHeart!!!.



CAPÍTULO 04: NO ME CONOCES

Si hablaras con mis profesores, te dirían que era una rebelde en la escuela sin mencionar que podía hacer dos cosas a la vez. Podía estar sentada cotilleando en clase mientras escuchaba las explicaciones de los profesores al mismo tiempo. Si el profesor preguntaba: “Melanie, ¿Qué acabo de decir?” Era capaz de decírselo exacto. “Vale, eh, para de hablar!” Diría el profesor entre dientes volviendo a la lección.
El instituto Intake, donde empecé cuando tenía trece años, estaba en medio de una zona bastante peligrosa. Iba allí porque ofrecía una asignatura de Baile Drama y música para aproximadamente treinta alumnos cada año y eso era lo que de verdad me interesaba. Lo había hecho bien en el Colegio Kirkstall pero mis notas bajaron en la mayoría de las asignaturas en Intake, aunque era buena en arte, música, baile y drama.

Me encantaba el Inglés, tenía una gran imaginación y era buena escribiendo historias. Como para todo... me divertía leyendo, pero nunca me gustaron las matemáticas. La historia me fascinaba, las ciencias también, sobre todo cuando hacíamos experimentos y estallaba los tubos y ponía cosas en el fuego. Aparte de los experimentos, las lecciones eran aburridas.
Pasé la mayoría de mi tiempo libre en la sala de música tocando la batería. Tenías que reservar el kit de batería antes y que te lo concedieran para tu tiempo libre. Una vez aparecí en una sesión y encontré a una chica, practicando una difícil melodía. Esperé a que acabase, pero ella siguió tocando. Estaba usando mi tiempo! Al final quería tanto tener la batería que la golpeé en la cabeza con mi palo de batería. “Sal de la batería ahora, es mi turno” Por supuesto ella no pudo resistirse a golpearme y en unos segundos estabamos en una lucha de palos de batería en el pasillo. Cuando se acabó la pelea, mi turno ya se había acabado.

En mi primer día en Intake conocí a Rebecca Callard, a quien conocía vagamente de Jean Pearce. Congeniamos inmediatamente y se convirtieron en mis mejores amigas por siempre. (Sherrel y yo nos metimos en diferentes grupos de amigos pero todavía éramos verdaderas amigas, como hermanas) Rebecca y yo éramos sin lugar a dudas almas gemelas. Desde el principio parecía instintivamente que sabíamos lo que la otra pensaba y nuestras vidas habían seguido una línea bastante similar. No tenemos el tipo de amistad en el que una llama a otra todos los días, pero siempre estamos ahí cuando la otra pasa por una crisis. Estamos siempre en la misma onda y siempre lo estaremos. Es como si nos conociéramos de una vida pasada, o varias vidas pasadas. Hay una conexión muy fuerte entre nosotras.
Rebecca era bajita y guapísima como una muñequita, con un precioso pelo castaño rizado. La primera cosa en la que me fijé de ella era que las dos teníamos nuestro pelo con una pinza en un lado. Era una señal! Después de aquello nos llamábamos por la mañana y decidiéramos como a llevar nuestro pelo aquel día. Las dos éramos Géminis. Coincidencia!

Como ibas a ir cada día era un gran problema. Nuestro uniforme era un jersey con cuello en forma de V y una corbata, con camisa blanca y falda negra o pantalones. Yo llevaba pantalones la mayoría de las veces, aunque tuve una época en la que iba siempre con la falda negra. Como era una escuela de artes, podías expresarte un poco por ti misma. Recuerdo que llevé un color de labios naranja brillante con una línea de ojos negra alrededor de mis labios y una chaqueta naranja brillante sobre mi jersey rojo. Eso no era nada comparado con las demás. Había una chica en mi clase que parecía Tina Turner, debía usar un bote de laca cada mañana. Su pelo era punky de verdad y estoy sorprendida con como lo hacía.
A muchas de las chicas duras no les caía bien, ni Rebecca tampoco, y se metían con nosotras todo el rato. Algunas de ellas estaban en contra de Rebecca porque había estado en la tele y en películas como “Scab” y “¿Quién te seguirá queriendo mañana?”. Cuando su madre formó parte de Coronation Street los celoso se intensificaron. Andábamos con Sherrell y su pandilla a veces, Susan, Deslyn, Nicola, Sarah y Samantha, pero no teníamos mucho trato dentro del grupo. Mi compañera de baile (y mejor amiga cuando Rebecca y yo nos peleamos) se llamaba Kerry, era pelirroja y tenía unos pechos enormes. Era alta y tenía pecas y llevaba muchos muchos anillos. Gustaba a todos los chicos.

En Navidades Rebecca y yo nos comprábamos a la otra exactamente los mismos regalos porque siempre queríamos las mismas cosas. Un año fue un kit de sombra de ojos lleno de verdes, rosas y púrpuras y otro fue el perfume de Benetton. Hubo una época no queríamos nada de maquillaje excepto brillo de labios, así que imaginad cual fue el regalo de esas Navidades. Eramos como uña y carne e íbamos a todas partes juntas.

Cuando Rebecca empezó a fumar me dijo que debería probarlo. Me resistí durante un montón de tiempo pero curiosamente accedí al final. Solíamos esconder nuestras colillas debajo de una caja en casa de su madre y cuando su madre lo descubrió se llevó una buena regañina. Para ser honesta no me gustaba mucho fumar así que lo dejé pronto. Desafortunadamente volví más tarde y aunque no fumo demasiado, es un vicio sin el que podría vivir.
Me gustaban las clases contemporáneas de Mr Connel. Era un profesor que siempre decía: “siente el movimiento a traves de tus brazos”. De vez en cuando me dejaba llevar las clases para darme una oportunidad en coreografía. Era genial. Solía intentar algo nuevo y mandaba sobre todos al mismo tiempo.

Cuando me disloqué la rótula en la clase de Mr Connell y llegó una ambulancia para llevarme, estaba en aquella edad en la que estaba preocupada de si estaba guapa o no. No era fácil y gritaba a los médicos “ponerlo en su sitio ahora mismo!” O más tarde cuando llevaba en el recreo mi minifalda con la escayola en mi pierna. Coincidentemente Rebecca también se dislocó su rótula dos semanas después de haberme dislocado yo la mía.

La madre de Rebecca y la mía tenían unos valores muy similares y no nos dejaban salir demasiado cuando teníamos catorce años, nunca por la semana y ocasionalmente a fiestas. Sólo podemos recordar ir a una fiesta. Creo que nos dejaron ir porque las dos teníamos la escayola en la pierna, y nadie puede conseguir demasiado con una especie de pierna de madera, o eso era lo que nuestras madres pensaban.
Fuimos a la fiesta con unas ropas ajustadas (por supuesto ya pensadas días antes). Como tributo a Neneh Cherry llevé una camisa de rugby negra a rayas, la de Rebecca era verde lima, y pantalones elásticos. Yo llevaba tenis Travel Fox; Rebecca llevaba unos Fila con cordones naranjas. Las dos llevábamos el pelo como una piña con rizos oscilando hacia abajo.

Probablemente habrás adivinado que por aquella época era en la que salió el vídeo de Neneh Cherry “Buffalo Stance”. Rebecca también era una fan loca de Bros y llevaba una horrorosa chaqueta de cuero y chapas de botellas Grolsch en los cordones de sus zapatos. Yo era más tipo Neneh Cherry/Tracy Champman, y más tarde Bobby Brown. También me encantaba Whitney Houston. En mi habiación de noche escribía y aprendía cada palabra de las canciones del primer disco de Whitney.
Salíamos incluso con idénticos gemelos por aquella, Andy Wilkinson (yo) y Tony (Rebecca). Desde que no nos dejaban salir mucho, prácticamente íbamos a su casa los domingos por la tarde. Todo era muy inocente, sólo cogernos de la mano, no éramos el tipo de chicas que estábamos dándonos el lote detrás del aparcamiento de bicicletas.

De vuelta a la fiesta, no sé donde estaban Andy y Tony pero nosotras estábamos en la cocina mientras un chico irritante llamado Mark nos hablaba. Era tan pesado que después de un rato Rebecca cogió un huevo lo puso sobre su cabeza y lo amenazó “Si dices eso otra vez voy a aplastar este huevo en tu cabeza”
Pues la salida fue inevitable desde aquel momento. Mark lo dijo otra vez. Rebecca aplastó el huevo en su cabeza. Mark se volvió loco.

Rebecca y yo subimos las escaleras, riéndonos pero desesperadas por estar lejos de Mark, mientras el nos perseguía furiosamente, diciendo tacos y gritando de una manera maníaca, con yema resbalando por su nariz. Cuando nos atrapó (no tardó mucho) nos empujó a las dos por las escaleras por el pelo.
Después de que el reparto tuviera lugar estaba inscrita a un curso de fisioterapia. Fui a las sesiones todos los sábados en el hospital local de Leeds porque estaban llenos de futbolistas en pantalones cortos (por supuesto me aseguré de que yo llevaba los más cortos de todos). Un par de semanas más tarde mi padre empezó a venir conmigo porque tenía mal las rodillas de jugar al fútbol. Eso puso precio a todas mis oportunidades de ligar, desafortunadamente.

El instituto Intake era muy conocido por sus musicales pero Rebecca y yo nunca teníamos buenas partes. Las dos estábamos en el coro de Godspell con dos líneas cada una. La mía era “Eres la sal de la Tierra, tú eres la sal de la Tierra” y solía intentar conseguir un envolvente pilluelo en algún sitio. Las de Rebecca eran “Eres la ciudad de Dios, tú eres la ciudad de Dios” Aunque no hacíamos demasiado, teníamos que permanecer en el escenario todo el show. Podías vernos en el vídeo oficial de la escuela, hablando alegremente al fondo durante los noventa minutos.

La mayoría de mis profesores parecía que no sabían el significado de la palabra apoyo. Un profesor era de Birmingham. Me dijo que nunca llegaría a ninguna parte porque tenía una boca muy grande. “Nunca conseguirás nada Melanie Brown!” decía otro profesor. Necesitaba que me apoyaran, no que me derrumbaran, si iba bien. Es una verdadera pena que no lo hicieran. Mi madre era la única persona que decía “ve y haz algo por ti misma. Puedes hacerlo”. Siempre creyó en mí.
Estaba convencida de que un profesor particular se metía conmigo así que mi madre se enfrentó a él cuando fue la noche del estreno. Tan pronto como ella se sentó y él vio su nombre en la silla, se desplomó y suspiró “OH, Melanie Brown!”
“Melanie piensa que te metes con ella” dijo mi madre. “Siempre le gritas sea ella o no la que causa problemas. Dice que cada vez que entras en clase la echas fuera”
Él pensó durante unos minutos, y luego dijo. “No puedo evitarlo. Como profesor automáticamente gritas al niño más rebelde, al que puedes oír desde el pasillo. Mandando la que más grita fuera, los demás se callan. Desafortunadamente, Melanie es la más gritona. A ese respecto debe parecer que me meto con ella"
Era un punto bueno pero para mí no lo era.

No encontré mi adolescencia muy fácil. Así como fui madurando empecé a sentirme más y más diferente. Supongo que sería lo normal a esa edad, sentirse completamente sola, incomprendida, aislada, con nadie que te responda a tus preguntas o te ayuda durante os masivos cambios que te envían a ser un adulto. Tus padres no se comunican contigo, además de decir “cómete la cena” y “friega los platos!”. La vida parecía ser cada vez más aburrida y sin sentido.
Me sentía desconectada. No podía aceptar que estar sola con tus pensamientos es un hecho de la vida. Ahora entiendo cuando compartes tus pensamientos y sentimientos con alguien, puedes expresarte hasta que la tristeza aparece por tu cara, pero al final del día incluso cuando alguien está a tu mismo nivel, sigues estando sola con lo que piensas y lo que sientes.
Todavía preguntaba cosas que no tenían ningún final “Dónde estaríamos si no estuviéramos aquí?” “Qué pasaría si quisiéramos irnos y vivir en la luna?” “Cómo llego a una estrella?” “hay otro mundo diferente en alguna parte? “Qué pasaría si muriéramos y a dónde iríamos?”
La respuesta universal era: ”Cállate”

Cuanto mayor era más complicada me hacía, menos atención recibía, en parte porque tenía una hermana más joven. Danielle y yo teníamos esa relación de amor-odio, aquella tensión entre hermanas. Solía hacer que me doliera la cabeza.
Yo tampoco era muy buena con ella. Solía estrangularla y atarla a la silla. Mi madre tenía que contratar a una niñera incluso cuando era lo suficientemente mayor como para cuidar a Danielle. La niñera era más bien una guardaespaldas que una cuidadora de niños. Estaba en problemas mucho tiempo, y tenía que sobornar a Danielle para que no se lo dijera a papá. No podías contarle nada a papá por miedo a que te castigue.

Por aquella época no podía salir, lo que significaba que no podía tener amigos cerca, ni ver la televisión en mi cuarto, no podía responder al teléfono y tenía que ir directa a la salita del té y quedarme allí. Sola en mi habitación escribía y escribía y escribía, cosas bastante duras e intensas. Cuando las leo, son bastante inteligentes pero es como si estuvieras en un viaje. Tengo mis viejos diarios, de cuando tenía doce años hasta ahora, y todavía escribo sobre como me siento cuando me apetece. Es una buena forma de expresar tus sentimientos más internos, sacar cosas de tu cabeza y empezar a entenderte a ti misma.
Pasé muchísimo tiempo en aquella habitación. Crecía pero lentamente empecé a ser excluida de los adultos. Iba para cama cuando los amigos iban a ver a mis padres por la noche, lo que era fastidioso porque cuando era más joven me dejaban estar allí. Ahora, porque entendía mucho más, no me querían.
No me gustaba. Soy un adulto, pensé, pero me tratan como una niña. No hizo más que añadir todavía más cosas a mi aislamiento.

Sé que mi padre me quería, pero en aquel momento no lo demostraba. No expresaba sus emociones, por lo menos no que yo lo viera. Era como “No hagas esto, no hagas lo otro, estás castigada!” Las reglas se multiplicaban, a cada minuto era más estricto. A menudo decía entre dientes te odio, te odio, por debajo de mi respiración. Pero tenía sentimientos mezclados porque por mucho que lo odie, obviamente también lo quiero. Era mi padre.
A veces me sentía muy culpable por él, lloraba todo lo que tenía cuando lo veía desde la ventana cuando cogía su bicicleta para ir a la fábrica en la lluvia o nieve. “mi padre tiene que ir en bici cuarenta minutos al trabajo” sollozaba con pena.
Como mi padre, mi madre trabajaba muy duro. Estuvo en el mismo trabajo durante dieciocho años (C&A) y cogió un trabajo extra para pagarnos a mí y a Danielle nuestras clases de baila, limpiando baños en una casa de gente mayor. Decía que valía la pena porque bailar nos quitaba de problemas, pero eso significaba que ella no estaba con nosotras tanto tiempo como me hubiera gustado. Cuando estaba allí, estaba hecha polvo.

Para que las cosas estuvieran peor, me enfadé con Rebecca en mi segundo año en el Intake. Era aquella tontería entre niñas. Alguien me obligó a decir algo malo de ella en los baños, ninguna de nosotras se acuerda, pero le enfadó mucho.
“Cómo puedes decir eso, Melanie?” gritó, empujándome contra la pared.
Estaba en estado de shock. Habíamos discutido antes, pero nunca nada físico.
“Es la verdad, no pienso hablar contigo” le grité. No nos dijimos una palabra durante siete meses. Era horroso y deprimente, pero las dos éramos demasiado orgullosas como para dar el primer paso.
Un par de semanas más tarde me metí en un buen lío en la escuela. Me sentí avergonzada de lo que hice aquel día. Algunas chicas y yo redactamos una carta muy obscena a un chico raro que solíamos ver. Estaba en las clases de educación especial así que fue bastante vergonzoso por nuestra parte. Supongo que nos dimos cuenta de su vulnerabilidad y nos aprovechamos de ello. Los niños pueden ser tan crueles.
Algunas de las peores cosas que una persona hace en toda su vida, tienen lugar en la escuela. Es ahí
donde aprendemos lo que está bien y lo que está mal y donde probamos nuestros límites morales, supongo, pero todavía me siento culpable por las cosas que pusimos en aquella letra.
Bueno, un profesor la encontró y la confiscó y nos mandó a casa. Estaba tan mal lo que hicimos que el director pensó en expulsarnos. Estaba llena de pánico. Qué iba a decir mi padre? Más tarde mi madre y mi padre vinieron de la escuela. Mi padre tuvo que cambiar sus turnos en el último minuto y mi madre se tomó la tarde libre, No podía haber sido peor.
Mi padre estaba tan tan enfadado cuando volvió de casa “Nos puedes imaginar leyendo aquella guarrada delante de tus profesores?” Me preguntó repetidamente. Seguí a y seguía. Yo estaba verdaderamente avergonzada. No tenía nada que decir en mi defensa. Estuve castigada durante un mes.
Nunca había estado en un problema como ese antes. Metida en casa, me sentí muy culpable y empecé a caer en una especie de depresión. Pronto me encontré en tal situación que no podía ver ningún punto para seguir adelante.

No sé de donde saqué la idea de una sobredosis. Sólo sé que la planeé durante dos o tres semanas. Mi padre hacía la compra el viernes, cuando cobraba su cheque y el frigorífico estaba vacío, y siempre compraba Anadin o paracetamol. Ese viernes compró Anadin Plus, que era la versión fuerte(de aquella no lo sabía pero más tarde descubrí que las pastillas para el dolor de la cabeza son las peores con las que puedes intentar suicidarte, hacen que tus órganos sangren y es una muerte horrorosa, muy dolorosa y lenta).

Tenía que planearle porque parecería extraño si cogía el Anadin del armario. Primero cogí unos pocos y luego todo el paquete, para añadir a los otros que había cogido semanas antes.
Tenía catorce años cuando pasó. Me sentía incomprendida. Quería escapar de mi habitación, de la casa, de la familia, del mundo y de la vida. No me disgustaba a mí misma, simplemente pensaba, este lugar estaría mucho mejor sin mí porque todo lo que hago es agravar y establecer caos. Pensé que s daría un descanso a la gente si no estaba por allí. Quería ser libre, sentirme como un alien. No pensé en que mis padres estarían tristes cuando me fuera. Bueno, quizás algo bajos.
Lo que más recuerda de la sobredosis es mirarme en el espejo, tomándome las pastillas una a una, viendo las lágrimas caer por mis mejillas, aguantando la respiración. Rara o qué?me miraba cada vez que tomaba una pastilla pero no era algo ficticio, era real. Ya había escrito una nota. No recuerdo lo que decía, pero mi padre dice que me culpaba a mí misma. Era eso “no me gusta el colegio, no me gustan mis amigos, odio a papá y no me entiende. Es mejor si me voy”
Me fui a la litera de arriba donde siempre dormía y permanecí allí acostada pensando, ya está todo está acabado. En cualquier momento voy a mirar. Es mejor, cerraré mis ojos. Y gradualmente me sumergí en la inconsciencia.

Sólo aquella noche mi madre tenía un dolor de cabeza, gracias a Dios que lo tuvo. Fue al botiquín para coger una pastilla y todas se habían ido, así que vino a mi habitación y dijo “Estás bien, Melanie?”
“no, mamá. Me encuentro enferma. He tomado algunas pastillas”
Lo siguiente que recuerda es que me quitaron de la litera por el cuello de mi pijama, medio inconsciente, me bajaron por las escaleras mientras gritaba mi madre de pánico y me metí en una ambulancia, mientras mi padre gritaba”sácala de esta casa. Está loca” No la dejes volver hasta que sea normal” Vomité durante todo el camino al hospital y cuando llegué allí, recuerdo que tenía un tuvo fino por mi garganta, y ellos me forzaban a que volviera a vomitar. Eché pastilla tras pastilla. No creo que mi padre estuviera allí, pero mi madre estaba al final de la cama diciendo “por qué lo has hecho? Cómo pudiste?” Recuerdo que también le pegué a una de las enfermeras. Qué me pasa con las enfermeras?

Más tarde, me desperté y vi a todos mis profesores en la cama, y aquello me asustó. Pensé “qué cojones...? Luego volví a dormir con la esperanza de que desaparecieran.
Lo más raro era que cuando volví a la escuela, un par de semanas más tarde, nadie habló de ello. Todos los profesores decían “sabemos lo que le he pasado a Melanie pero ssshhh”Era muy extraño. Nadie hablaba de ello y no podía entender porqué. Fui a orientación un par de veces por mi cuenta. No ayudó porque estaba en la edada en la que daba cortas contestaciones como “bueno, solo me odio a mí misma y quería hacerlo” nadie le importaba. Creo que mis padres estaban demasiado asustados como para investigar. El incidente fue cerrado, por todos, ye inevitablemente hice lo mismo. Sólo hace un poco tiempo empecé a hablar sobre ello. Interesantemente, la primera vez que de verdad me puse en depresión, mi ojo infectado empezó otra vez. Es udro decir poruqé, puede no haber ninguna conexión, pero creo que fue porque había estado tanto tiempo dejándolo de lado que fue una reacción física.

Tengo que decirlo claramente, no había una verdadera razón para tomar una sobredosis. No abusaron de mí ni me trataron mal. Fue simplemente una cosa de la adolescencia, ese tipo de cosas que la gente experimenta. Nadie me entendía y me molestaba, tenía un montón de preguntas y nadie me contestaba, el mundo era aburrido, no pasa nada. “cállate” o “para de decir tonterías” eran las únicas respuestas a mis preguntas.

Mi padre pensaba que estaba loca. No creo que pudiera comprender que su hija haría algo como eso a ella misma. En vez de intentar entenderlo, simplemente lo vio como el acto de una persona que está mal de la cabeza. En su mente, no podía haber otra razón. “no puedes ser infeliz, así que estás loca” mi madre estaba asolada. Fue a ver a un médico y no podía parar de llorar. De alguna manera el médico la intentó tranquilizar. “Tú sabes cuántos jóvenes hacen esto? Tantos que te puedo asegurar que no lo volverá a hacer otra vez” y tuvo razón.

Sé que mi madre y mi padre todavía llevan la culpa de mi sobredosis. Ahora que soy mayor no los culpo para nada. Solo me arrepiento de que ellos no intentaran hablar conmigo. Todos hicieron como si nada pasara, así que yo también lo hice. La vida seguía. Ni si quiera volví a pensar en ello. Era una persona positiva. No estaba deprimida ni tenía problemas psíquicos, simplemente era una fase por la que pasé.
Esto estuvo presente en mis padres más tiempo de lo que lo estuvo en mí. Quiero decirles: “no es vuestra culpa, obviamente algo tenía que ver con vosotros, pero no sóis la razón por la que la hice. No era feliz dentro de mí. Sí, podíais haber ayudado, pero al final lo habría hecho igual” Pero se sienten culpables. Es comprensible, de verdad.

El consejo que le daría a gluien que se sienta como yo a los catorce años es comprender tus sentimientos, luego intentar ponerlos en lado y seguir. Intenta y recuerda como te sentías antes de estar deprimida y guarda ese sentimiento. No conviertas tu tristeza en tu casa, mantente ocupado e intenta estar lo más sano posible. No durará para siempre. Incluso aunque parezca que todo tu mundo se cae y que nunca volverás a estar bien, tienes que creer que las cosas al final se arreglarán. Siempre lo hacen.
Tomar una sobredosis es algo que te cambia una vez que has pasado por ello, nunca te dejas hacerlo otra vez. Aprendí lo valiosa que soy. Así que incluso aunque esté en una época mala, algo bueno vendrá al final. De un modo pienso que fui completamente estúpida, pero no sería la persona que soy hoy si no lo hubiera hecho, porque todo lo que me pasa en la vida es parte de mi carácter. Todavía, alguna gente no vuelve nunca de las sobredosis y yo fui afortunada. Podía haber muerto fácilmente y ese es un pensamiento que asusta mucho.

Ahora sé que nada es lo suficientemente serio como para arriesgar tu vida, pero estaba tan baja que no podía imaginar lo que estaba enfrente de mí, no sabía que había tanto que ver y tanto que hacer. Si lo hubiera sabido nunca habría elegido ese riesgo. No me daba cuenta de que la manera en la que me sentía era pasajera, un estado de ánimo del que tienes que escapar. Solo ahora pienso, Dios, Podía haber muerto y haberme perdido todo esto.

 

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