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CAPÍTULO 1 - AMOR, BESOS Y PROMESAS ROTAS
Lee y Christopher estaban en la cocina debatiendo quién de
ellos iba a conquistarme. Estábamos en el decimosegundo cumpleaños de Shona
escuchando “Move Closer” de Phyllis Nelson y “Cherish” de Cool y The Gang.
Lee había sido mi novio. Estábamos en la misma clase de la escuela primaria. A
esa edad sólo sentía atracción por él. Me había puesto una mini verde y cuando
me miré al espejo pensé:
-¡ sí, realmente te ves sexy hoy!-
Empecé a salir con Darren. Era uno de esos chicos rebeldes, realmente malo.
Entonces mi amiga Tina empezó a salir con Lee, yo quería que volviera conmigo, y
eso causó un poco de tensión.
Desde la cocina escuche que Cristopher decía: “Voy a salir con Geri”. En nuestro
lenguaje “salir” significaba “Besar con lengua”. “No, tú no, yo voy a salir con
Geri” dijo Lee.:
- Yo lo dije primero
- Ella salía conmigo
- Pero ella no es tu novia ahora
- Si que es... em...
- Tú cortaste con ella
- Bueno, es igual, ella es más mía que tuya.
La conversación se oía totalmente absurda. No esperaba que mi primer beso fuera
premeditado porque eso le quitaría toda la magia. Yo pensaba que eso tenía que
pasar naturalmente. Igualmente elegí a Christopher. Shona dijo que lloraría si
no lo elegía a él. Christopher y yo nos sentamos en el sofá. Recuerdo a Lee
mirando como Christopher ponía la mano en mi top. Estaba segura de que se iba a
desilusionar porque yo no tenía nada de pecho. El quiso tocarme, entonces dije:
- No uso sostén aún - él no comprendió mucho y me beso. Lee sacó la lengua y le
hizo una señal a Christopher para que hiciera lo mismo. Yo estaba emocionada y
mi boca se cerró. Su lengua traspasó mis labios como si fuera un lavarropas. Más
tarde descubrí que Christopher había contado a todo el mundo que mi boca era
demasiado pequeña. Fue realmente algo vergonzoso.
Al día siguiente lo vi en la esquina del colegio esperándome. Shona y yo
estábamos sentadas en el umbral limándonos las uñas, yo solo quería que él se
fuera.
Yo vivía en mi casa en Jubilee Road, Watford. Estaba cerca del supermercado
Pakistaní que tenía maquinas de chicles en la puerta. No había ningún cartel que
te ayudara geográficamente en mi vecindario. Había departamentos atrás del
camino, pero todas las casas eran similares. La única diferencia que tenía mi
casa con las demás, es que mi casa tenía un garaje para un solo coche y arriba
de la puerta mi padre había pintado: GARAJE en letras negras.
Había tres habitaciones arriba. Mamá y papá dormían en la que daba a la calle y
yo dormía en la siguiente con Natalie que es tres años mayor que yo.
Teníamos una cama litera y yo dormía arriba. Nuestro hermano Max, que es dos
años mayor tenía una habitación para él cerca del jardín, en la parte de atrás.
Los tres tuvimos terribles accidentes en ese tiempo: Max lastimó el ojo de
Natalie con algo que tiró y otra vez yo lastimé su nariz. Yo era la más pequeña,
cuando ocurría algo preocupante como lo anterior, preguntábamos... ¨¿le vamos a
contar a mamá?..., y poníamos un papel que decía SI y otro que decía NO en una
caja.
No recuerdo que mi madre estuviera mucho tiempo en casa. Ella siempre estaba
trabajando limpiando oficinas. Se levantaba a las 6 a.m. antes de que yo me
levantase. Yo hacía mi propio desayuno y ponía rulos en mi cabello, también
hacía mi propio almuerzo. A veces me daba vergüenza cuando abría el paquete con
la comida porque miraba a los otros chicos con almuerzos completos, o tenían
madres que preparaban almuerzos especiales como ensaladas y cosas así.
¨Hola, bienvenidos a HOME & AWAY el programa diario para madres trabajadoras y
amas de casa. Hoy voy a mostrarles como hacer el sándwich perfecto, es rápido
fácil hasta sus niños lo pueden hacer. Primero necesitas dos trozos de pan.
Colocas un poco de manteca asegurándote de desparramarla bien hacia los
costados. Juntas las dos tapas, presionas y cortas en forma triangular... ¿no
era fácil?. Está era mi parte de mi diversión, de mi show.
Todos teníamos cosas que hacer después de la escuela. Yo tenía que lavar el
baño, Natalie limpiaba la sala de estar y los dormitorios. A veces pensaba que
los demás niños estarían jugando afuera.
Uno de nuestros juegos preferidos era el “Ring Raje” y también jugábamos dentro
del coche de mamá. No teníamos dinero. Mi madre solía decirme: -“Geri, no
importa lo que tengamos, tu siempre estás limpia y bien alimentada -, y entonces
se ponía a hablar sobre el sacrificio que ella hacía: -”Mírame, no he ido a la
peluquería por siete años, ¿cuándo fue la última vez que salí?, no me compro
nada para mi, ni vestidos, ni zapatos “-..., yo no escuchaba el mensaje, solo me
fijaba en su tono. Mi madre es una de siete hermanos, se llama Ana María Hidalgo
y nació en una pequeña ciudad cerca de Huesca en el norte de España. Mi abuelo
fue enviado a prisión y contrajo matrimonio con una guardia de la cárcel.., mi
abuela.
Crecí escuchando esta historia de mis abuelos en España. Sus vidas estuvieron
llenas de romance, aventura y tragedia.
Mi madre tenía un cabello largo y negro, una bonita figura. Su padre era solo
cinco cm mas alto que ella. Cuando tenía diecisiete años dejó su casa para
trabajar en una fábrica en Suiza, luego llegó a Londres justo después de su
cumpleaños número veintiuno y conoció a mi padre. Él la espiaba mientras ella
caminaba por la calle y la seguía a todos lados. Puedo imaginar su primer
encuentro.
Laurence Francés Halliwell era un vendedor de coches. El hecho de que el tenía
cuarenta-y-cuatro años y estaba divorciado no viene a la conversación.
Mi padre le contó a mi madre que su primera esposa había muerto en un accidente
de coche y que había dejado dos chicos, Paul y Karen.
Ella descubrió la edad de mi padre siete semanas después de conocerse, cuando se
casaron en la oficina del registro civil. Ana María tenía grandes ilusiones con
su nuevo marido. Ella imaginaba que sería rico, un hombre de negocios..., pero
estas eran falsas expectativas. Laurence pudo ser muy rico, pero siempre tenía
un motivo para gastar el dinero. Él nació en Liverpool en 1922 y su familia se
mudó al norte de Londres cuando era todavía un niño. Llegó a ser ingeniero y
pudo comprarse su propio coche, pero al mismo tiempo que se casó con mi madre el
dinero desapareció y solo pudo comprar nuestra casa en Jubilee Road.
Yo nací en el “Watford General Hospital”, el 6 de agosto de 1972, ... “¡Está
viniendo!..., ¡No señora Halliwell, todavía no!...”
Mi llegada a Jubilee Road no fue motivo de festejo. Yo era considerada como otra
boca para alimentar. Mis recuerdo de esa época están llenos de imágenes, siempre
tuve la idea de que quizá estaba con la familia equivocada. Max y Natalie
tampoco lo negaban. Por lo contrario, ellos danzaban alrededor mío como indios
gritando “¡Eres adoptada, eres adoptada!”.
Cuando nací, papá tenía cincuenta años, solo puedo recordarlo como un hombre
viejo con asma tomando medicamentos todo el tiempo. Tenía ojos grises y una
nariz un poco torcida con una bolita en la punta como la mía. Soy una mezcla de
mi padre y mi madre. Natalie es morena como mi madre y Max es completamente
rubio y blanco como mi padre. Yo estoy en el medio, con cabello castaño claro
mezclado con rojo, tengo ojos azules y pecas en mi nariz, un mix entre Suecia y
España.
Creo que tengo un poco de personalidad de los dos, la tranquilidad de Suecia por
un lado y el fuerte temperamento del mediterráneo.
Otra de mis características es mi pequeña estatura. De chica era tan pequeña que
mis tías me apodaban “La enana”. Yo veía que los años pasaban teniendo la misma
estatura, por eso a los nueve años mi madre me llevó a un especialista. Los
doctores sacaron rayos x e hicieron una serié de pruebas, ¡por suerte estaba
todo bien!.
Recuerdo que en ese tiempo, mi papá no tenía un buen trabajo, el tuvo un
accidente de coche antes de que yo naciera y eso le impidió hacer algunas cosas.
Él decía que su mala suerte venía desde que abrió un paraguas en casa. Me
pregunto si las cosas malas son causadas por la mala suerte. Mi madre tomaba
trabajos de limpieza para ayudar a mi padre, él tomo su coche y lo vendió por
poco dinero. Era un coche viejo y a veces me avergonzaba cuando me iba a buscar
a la escuela porque mis amigos veían lo pobre que era y lo viejo que era mi
padre. El se veía más como mi abuelo.
Mi padre se pasaba el día en el garaje tocando grasa y ensuciando sus uñas. Mi
madre solía gritarle cuando entraba en la cocina con las botas llena de aceite.
Tenía una figura chocante y era conocido en el barrio como el hombre que se
enfadaba cuando alguien colocaba su coche frente al garaje. Los niños del barrio
solían gritarle cosas en la puerta de casa, pero temían cuando salía afuera.
No era el tipo de hombre que le gustaba jugar conmigo o leerme cuentos por la
noche, sino que me contaba historias de su propia infancia. Me llevaba siempre
al kiosco, parecíamos dos chicos cuando elegíamos nuestro helado favorito, y
cuando no teníamos dinero, mamá sacaba golosinas de abajo del sofá haciéndonos
creer que papá los había escondido. ¨ Tu padre es un soñador ¨, mamá solía
decir... ¨ él vive en la tierra del cuco... Tengo muy buenos recuerdos de mi
infancia con él.
Recuerdo una navidad donde nos quiso hacer creer que era un caballo y me dejó
montar en su espalda. A veces en las vacaciones de verano, papá anunciaba que
iríamos a la playa donde hacíamos juegos y tomábamos cucuruchos de helado.
Cuando tenía más o menos ocho años, me hizo una casa de muñecas con puertas que
se abrían y cerraban y escaleras entre ambos pisos. Mi abuela me había dado el
dinero para comprar los muebles. Natalie y yo habíamos creado “La tierra de las
muñecas” y a veces Max venía a jugar con nosotras y nos hacía muñecas con
medias. Era como jugar con familias en miniatura, familias que eran felices,
cosa que pocos de nosotros sabemos bien como es. También tenía mi muñeca “Sindy”,
mi oso y mis muñecos bebés.
Amaba a mi padre en sus ¨ buenos días ¨. Le gustaba sacar su cinturón de sus
pantalones y golpearlo contra el aire como un lazo. Entonces yo me escondía bajo
la cama mientras lo oía gritar ¨¡Estás lista, estás lista!, y después me cargaba
en su espalda. El era un hombre lleno de aspiraciones pero al mismo tiempo
enfermo, lo cual lo dejó triste y lleno de frustraciones.
Cuando mis padres se separaron, platos de espagueti volaron por la cocina y
tazas de té estallaron contra la pared. Mi madre era muy temperamental y siempre
me decía: ¨Geri, tienes que casarte con un hombre rico ¨-, mientras la ayudaba a
limpiar la cocina.
Tanto mi padre como mi madre estuvieron llenos de desilusiones. Creo que papá la
amaba pero con el tiempo, ella fue perdiendo el respeto por él.
Ella era Testigo de Jehová cuando yo era niña y nunca nos dio explicaciones
aunque supongo que se sentía sola al lado de mi padre y quería escapar de él.
A veces me sentaba con mis juguetes favoritos, como mi oso amarillo y mi muñeca
negra Pippa a escuchar sus sermones y a aprender sobre la Biblia.
Generalmente la gente de esa religión iba casa por casa predicando. Yo iba con
mi madre apretando su mano. Nunca nadie quería invitarnos a pasar a su casa y
muchos eran groseros con nosotras.
Los testigo de Jehová no celebran la navidad ni los cumpleaños, lo cual es muy
difícil de entender para un niño, las fiestas y los regalos son algo
característico a esa edad. Yo no iba a los cumpleaños de mis amigos porque
tampoco podía darles un regalo.
Luego mi madre abandonó la religión porque se sintió desilusionada –“Mis
expectativas van más allá”- dijo ella - “Son una manga de hipócritas y
materialistas como el resto de nosotros”-.
Mi padre era considerado como “la especie rara del vecindario”. Creo que
Margaret Tatcher fue la mujer que el siempre más respetó. El día que asumió como
primer ministro, me hizo sentar y escuchar su discurso. ¨ Donde haya discordia,
debe haber armonía, donde haya mentiras, habrá que decir la verdad ¨. Yo tenía
solo 6 años y no podía entender nada de lo que decía, solo sabía que era una
mujer famosa. Siempre pensaba que sería primer ministro cuando creciera. Me
podía imaginar parada en un balcón al estilo Evita.
Siempre quise ser famosa. Cuando tenía 6 años imaginaba que la fama era como una
llave mágica que abría las puertas a un mundo fantástico donde era imposible
estar solo, ser pobre o tener miedo. Tampoco habría preocupaciones en este
lugar. Allí no tendría que escuchar a mi madre diciendo lo mucho que se
sacrificaba, podría comprar toda la ropa que quisiera, comer mis comidas
preferidas y tener una nevera llena de bebidas.
También imaginaba que sería como estar sentada en un trono con sirvientes
alrededor y una alfombra roja y que esa gente debería tener un coche con un
chofer que le abriera la puerta.
No estaba segura sí todo era exactamente así, pero si estaba segura de que ese
lugar quedaba muy lejos de Jubilee Road, Watford.
No tenía decidido sí quería ser una estrella del pop o una sirena, siempre
imaginaba que vivía en un castillo color crema y mis padres vendrían a recogerme
y me llevarían a C&A en Watford para elegir prendas de alto precio.
Como todas las familias, nosotros teníamos nuestras costumbres. Colocábamos pan
con manteca en el centro de la mesa y papá nos retaba si alguno de nosotros
ponía el cuchillo con manteca en la mermelada o viceversa.
Mamá trataba de cocinar comida Inglesa lo mejor posible como cordero con papas
por ejemplo, pero siempre le agregaba un toque Español. Siempre acompañaba todo
con paella, cosa que yo amaba. Ella iba a comprar todos los viernes y yo iba a
la verdulería, traía todo menos las papas porque eran muy pesadas para mi.
En algunas ocasiones mamá me daba diez peniques extra que me alcanzaba para
comprarme una bolsa de caramelos o ir al supermercado Pakistaní a comprar
bebidas. Cuando lograba juntar doce peniques compraba chocolates y helados.
Mis hábitos alimenticios eran terribles y un conflicto a la hora de comer,
porque odiaba los vegetales.
Mis almuerzos eran acompañados con un vaso de leche que debía tomar hasta el
final. Muchas veces me hacía la enferma y devolvía la coliflor, entonces mi mamá
me forzaba a comerlo otra vez. Solo los domingos podía comer lo que quería,
quizá porque era un día de descanso. Cuando estábamos sentados a la mesa papá y
mamá decían: “canta para nosotros Geri” ... Max y Natalie estaban cansados de
escucharme, entonces me paraba en el centro y cantaba “Fígaro” al mismo tiempo
que mis piernas temblaban, mamá me decía: “vamos Geri, imita a Shirly Bassey”, y
ella trataba de mostrarme como movía los brazos al ritmo de la canción.
Después no sentábamos frente a la tele y mirábamos Dinastía y Dallas que estaban
llenas de mujeres glamorosas con trajes importantes y gran actitud. Comparado
con esas series, Coronation Street se veía aburrida y mundana, más similar a la
que era mi casa.
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