SPICEHEART.COM // TU PUNTO DE REFERENCIA SPICE
w.w.w. Especiales SH Galeria de Fotos Multimedia Info News Club Vip Club Vip
SPICEHEART.COM // TU PUNTO DE REFERENCIA SPICE

:: 01.12. Emma 'Loose Women' (TV) (UK)
:: 02.12. Emma 'Loose Women' (TV) (UK)
:: 03.12. Emma 'Loose Women' (TV) (UK)
:: 04.12. Emma 'Loose Women' (TV) (UK)
:: 05.12. Emma 'Loose Women' (TV) (UK)
:: 26.12. Mel B Totally Fit DVD (UK)
:: ??.03. Mel B 'PeepShow' (Las Vegas)
:: ??.??. 2009 Mel B 3rd Album (TBA)


>> Actualizado: 03.11.07
(Wannabe Single Post)

Apuntate Ahora!



ECDL. chuleria Madrileña Robbie Williams Spain Geri Halliwell Superstart Baby-J.Org
Hilary Web CutreDIVAS SpiceREVOLUTION Anatomia de Grey Spain
BREATHLESS. VB FanSite Lindsay Rock Star Afiliate a SPICEHEART Afiliate a SPICEHEART
                                + Socios





Traducción Catch A Fire
Hasta Capítulo 4

Traducción If Only
Hasta Capítulo 5

Traducción Learning To Fly
¡Libro Completo!

Galeria SpiceHeart
+ de 19.000 fotos


                                + Proyectos



www.spiceheart.com
Abierta desde: 01.04.01
Versión: 8.0
SpiceHeart.Team
Usuarios online


:: LEARNING TO FLY - TRADUCCIONES ::




CAPÍTULOS 2 - UNA CHICA CON UN SUEÑO


Voy a ser la más rica, la más conocida y la más linda modelo en el mundo.’ No, yo no – Yo nunca he querido ser una modelo, estar de pie por allí y que te estén diciendo qué debes hacer. Es lo que supuestamente Jerry Hall le dijo a su mamá cuando ella tenía 14 años. Pero ella al menos contempló la posibilidad, mientras que cuando le dije una cosa similar a mi mamá yo era delgada, con la cara de una chica de 8 años de edad, con colitas y con un agujero en mi diente tan grande que un guisante podía quedar atrapado allí.

Pero ¿qué importó eso? Yo era una chica con un sueño. Todo empezó cuando mi mamá nos llevó a mi hermana y a mí a ver FAMA, la película de Alan Parker acerca de la escuela dramática de Manhattan. Eso fue en 1982 y yo tenía 8 años y 3 meses.

Estar sentada allí en la oscuridad era como estar en una caricatura con un bombillo encendido sobre mi cabeza. De repente supe que era lo que quería hacer – así de sencillo – quería ser Coco, quien no solo bailaba como nadie que yo hubiera visto antes, sino que lucía fantástica con su cabello crespo y despeinado cantando como si fuera a explotar – “I’m gonna live for ever, I’m gonna learn how to fly! High! (Voy a vivir para siempre, voy a aprender cómo volar! Alto!).”

“Mami”, dije mientras regresábamos a casa.
“Si, Victoria”.
“¿Puedo ir allá?”
“¿A dónde?”
“A esa escuela”
“No”
“¿Por qué no?”
“Porque está en Nueva York”.

¿Es que mi mamá no entendía? Yo tenía que ir allá, tenía que hacerlo. ¿De qué otra manera yo podía ser una estrella? Le preguntaría a mi abuela. Ella podría darme el dinero para ir hacia allá. Y yo tenía guardadas 12 libras del dinero que recibí en navidad y en mi cumpleaños.

Yo no fui la única a la que le gustó Fama. El 17 de Julio fue número 1 cantada por Irene Cara y se quedó allí por tres semanas. Estuvo en el top ten por 16 semanas. Algunas semanas después comenzó una versión de la película en la BBC TV. Irene Cara no estuvo más en la versión, había una nueva Coco. Pero mis otros favoritos fueron: un gran bailarín, un chico de la calle llamado Leroy quien nunca tenía dinero, y un chico muy guapo llamado Bruno con el cabello rizado quien tocaba el piano y escribía canciones. Hasta los profesores eran buenos. La única que no podía soportar era a Julie, quien tocaba el cello y tenía un poco los aires subidos.

Esa navidad, Los Chicos de Fama vinieron desde América y mi mamá nos llevó a Louise y a mí a verlos en el Albert may. Y no eran personajes elegidos para la gira, eran los personajes reales: Gene Anthony Ray como Leroy Jonson, Erica Gimpel como Coco Hernández, Lee Curreri como Bruno Martelli. Sé que todavía tengo el programa. La noche anterior no pude dormir. Louise si durmió pero ella era 3 años más joven que yo. Sólo porque ella tenía el cabello rojizo las personas siempre estaban sonriéndole. Luego supe la verdad, ella estaba muy aburrida, no entendía nada.

Me acosté en la cama esa noche pensando que ellos podrían hacer subir un momento a las personas de la audiencia al escenario así como hacían todos los años en la pantomima de Broxbourne, y luego Coco me miraría y me pediría irme con ella a Nueva York. Nunca estuve tan emocionada literalmente.

Casi nos perdimos el principio porque no encontrábamos donde estacionar el auto y el lugar donde estaban nuestros asientos casi explotaba. A veces las cosas que esperas demasiado, al momento de vivirlo te decepcionan, esto no fue así. Aparte de la pantomima de Broxbourne, donde íbamos cada año – mi mamá y mi papá siempre han cumplido las tradiciones familiares – fue el primer espectáculo en vivo al que yo había asistido. La energía de los bailarines y estar tan cerca de ellos, definitivamente me atrapó. A la salida mi mamá nos compró a Louise y a mí unos trajes de terciopelos de los Chicos de Fama con letras doradas en la espalda. La mía era azul y la de Louise era roja.

Fue allí cuando empecé a insistirle a mi mamá de que yo quería aprender a bailar.

Yo había empezado ballet cuando tenía como 3 años pero lo dejé luego de estar sólo algunas semanas, así que me dijo que no quería malgastar su dinero de nuevo.

“Pero soy mayor ahora”, le dije saltando de un sofá a otro y pasando sobre Louise, “Y te prometo, te prometo, te prometo, te prometo que no lo dejaré. Y te prometo que será bueno para Louise. Por favor mami. Por faaaaaaa”.

Esa navidad cuando fuimos a la pantomima, que estaba como a 4 millas de donde vivíamos, mi mamá notó que todos los niños en el espectáculo egresaron de escuelas locales de drama y danza. Al día siguiente ella llamó por teléfono y me aceptaron para empezar en Enero. Ellos nos dijeron que podríamos tomar lo que necesitáramos de una tienda llamada Danceworks ubicada en Hoddesdon, una ciudad que está al norte. Mi mamá me compró zapatillas de ballet, zapatillas de jazz y calentadores. Ya estaba en camino.

Fue en el concierto de Barry Manilow seis meses después, cuando le informé al mundo (es decir, a mi mamá, a su amiga Pam Davies y mi mejor amiga Amanda Davies) que yo iba a ser famosa. Amanda y yo siempre éramos prácticamente arrastradas a los conciertos por nuestras madres – la mamá de Amanda era una fan masiva de Barry Manilow y miembro de su club de fans.

sual yo no tenía muchas ganas de ir, pero éste era en el Palacio Blenheim y me gustaba la idea de ir a un palacio. El concierto resultó ser en un campo lleno de excremento de oveja y tuvimos que ver su nariz gigantesca como a 20 millas de distancia, atascadas detrás de una torre de tendido eléctrico.

“Un día voy a estar haciendo eso” dije. Fue extraño considerando que Barry Manilow no era exactamente Michael Jackson. Pero me encantaba el ambiente del escenario. Para mi próximo cumpleaños Amanda me compró un par de cordones de Barry Manilow. Eran grises y decían Barry Manillow por todos partes. Los coloqué en mis zapatos deportivos. Que triste.

De hecho, me gustaba un poco Barry Manilow y todavía me gusta, no como Cliff Richard al cual no podía soportar. Él debería haberse quedado en ese estúpido autobús e irse con sus vacaciones de verano. Pero a nuestras madres les gustaba bastante. Yo sabía que mi mamá tenía fotos de ese viejo cara de lagarto dentro de su guardarropa antes de conocer a mi papá. Fuimos a un concierto de él en Wembley en octubre de 1983 cuando acababa de sacar su álbum Silver, el cual probablemente es el mejor de todos sus álbumes (el nombre Silver es por estar 29 años en el negocio, por si no sabes). Era una imagen novedosa, muy de los ochentas.

El usaba un traje con la corbata deshecha y la camisa por fuera. Y nosotras estábamos sentadas allí cuando volteé hacia mi mamá y le dije, ‘Voy a estar allá arriba algún día’. Ver a Cliff haciendo movimientos con sus hombros, con el cabello levantado y enseñando a las madres en Wembley el viejo razzle-dazzle, pensé, ‘Si, yo podría hacer esto’.

Como dije, siempre fuimos buenos siguiendo las tradiciones familiares y cada año antes de navidad íbamos a la calle Oxford a ver cómo encendían las luces. Y sabía que un día esa sería yo, arriba sobre la multitud.

‘Algún día haré eso’ dije tontamente mientras mirábamos a la persona que ese año encendía las luces. Es extraño, no crees?. Debí haber sentido mucho afán por lograrlo.

‘Ella tendrá que trabajar fuerte’ le dijo Christine Shakespeare a mi mamá cuando comencé las clases. ‘Bailar es 90% trabajo duro y 10% de talento. Tendrás que trabajar hasta el cansancio, Victoria’.

¿De qué estaba hablando ella? ¿trabajo? Trabajo es leer y sumar. Bailar es como las malteadas y el helado, como las palomitas de maíz, como una merengada de fresa, como la playa.

Yo era como tres años mayor que las demás chicas de la clase para principiantes y la Srta. Christine, como era permitido que la llamáramos, le dijo a mi mamá que una clase a la semana no era suficiente si quería estar en pantomimas el próximo año. Así que al principio fui dos veces a la semana –ballet y jazz- luego lo duplicamos.

El ballet fue el más difícil. Practicaba en mi habitación una hora antes utilizando la cabecera y el pie de mi cama como barra.

‘¿Estás haciendo tu tarea, Victoria?’, gritaba mi mamá desde la parte de debajo de las escaleras.

‘Si, mami’, le gritaba yo mientras escuchaba mi Walkman.

No le tenía miedo al trabajo duro. Siempre tenía que trabajar duro en la escuela primaria para mantenerme: nunca fui de las más listas. Volviendo a mi clase de danza, tampoco fui la mejor bailarina. La diferencia fue que nunca lo sentí como trabajo porque amaba cada minuto que estaba allí.

Al principio cuando mi mamá dijo que me inscribiría en la escuela Jackson de Danza y Drama, me imaginé un poco a la escuela FAMA: casilleros, carteleras informativas y un gran gimnasio con espejos de pared a pared. De hecho nuestras clases eran en cualquier lugar que pudieran encontrar en Broxbourne con pisos de madera: pasillos de iglesias y hasta una casa de los scouts. Pero mi decepción sólo duró como dos minutos porque la Srta. Christine era una persona muy buena. Ella había sido bailarina profesional aunque ahora tenía forma de pera, además conservaba sus delgados pies de bailarina y tenía una cara muy linda.

‘Preparados’

Los pies en la posición de inicio formando un ángulo recto el uno con el otro, el brazo izquierdo en la barra, el brazo derecho sostenido arriba y hacia el lado o como Christine decía “port de bras en seconde”.

Una seña a la Sra. Hawkins en el piano, y uno, dos, tres, cuatro...

‘Hacia al lado, uno, dos, tres, cuatro, y de nuevo, seis, estírense, ocho’

Y una y otra vez, las suelas de piel de siete u ocho faldas de ballet rosadas balanceándose a través del piso de madera. Arriba, sostengan, abajo, sostengan, arriba, sostengan, abajo, sostengan. Y la punta de los pies.

Yo era tan delgada que los tirantes tomaban la forma de una bolsa en mis rodillas.
‘Espalda recta Victoria’
‘Dobla esas rodillas Lindsay’
‘Barbilla hacia arriba Lorraine’
‘Punta de pies’
‘Estómago ADENTRO’
‘Rodillas AFUERA’
‘Trasero ADENTRO’
‘MANTENGAN arriba la cabeza’
‘Empecemos desde el principio Sra. Hawkins’

Con Christine Shakespeare, lo que más hice fue pensar que nunca entendí por qué ella tenía que utilizar palabras francesas para todo. Pronto comencé a asistir diariamente a la escuela. Pero al menos nunca me aburría. No como en mi escuela de siempre, la primaria Goff Oak en la cual empecé mal desde el primer día.

Mi profesora era horrible, desafortunadamente ella era la única profesora que había para todo el año. La veíamos a ella, todos los días. Ella era como la Terrible Bruja del Oeste, sólo que peor. Se veía casi tan vieja como mi nana, la mamá de mi mamá, toda arrugada, pero no de una manera agradable. Usaba vestidos grises y blusas color salmón. Pero su fealdad no era nada comparado con su edad. Mi nana era arrugada y vieja pero adorable. Así ella no fuera tan vieja la Sra. Horrible sin duda no era de aquellos profesores que te dejan experimentar. La lectura era lo peor. Los libros con los cuales debíamos aprender a leer eran los de Janet y John.

‘Oooh, Janet y John, Victoria’, mi mamá decía mientras traía el primer libro a casa. Debió haber sido algo nostálgico para ella: esos eran los mismos libros con los que aprendió a leer en los cincuentas. Janet y John tenían una mamá, un papá, un perro e iban de compras. Y eso era todo. Nos acostumbramos a leer Janet y John todos los días. Y cuando terminabas de leer un Janet y John te pasaban a otro Janet y John. Esto sucedió por meses. Luego nadie siguió leyendo Janet y John – leían Roger Sombrero Rojo, Billy Sombrero Azul y Jennifer Sombrero Amarillo-. Finalmente llegó el grandioso momento cuando terminé de leer la última página del último libro.

Fui esa mañana a la escuela muy emocionada. Todos obtenían una estrella cuando finalizaban Janet y John. Ahora obtendría una estrella. Recuerdo cuando estaba parada frente al escritorio de la Sra. Horrible en frente de la clase, en una fila esperando mi turno, jugueteando con mis pies. La Sra. Horrible tomó el libro con la hoja que mi mamá debía firmar dentro de él. Yo estaba tan emocionada: había terminado el libro y ahora iba a obtener mi estrella como todos los demás.

Pero la Sra. Horrible, la vieja bruja, dijo no.
‘No’. Lo repitió cuando yo estaba justo frente a ella, ella todavía sostenía mi libro, yo estaba sin entender, la sangre se me subía a la cabeza y ella observaba la parte de atrás del libro. ‘Si lo leíste una vez, no tendrás problemas en leerlo de nuevo, ¿verdad Victoria?’.
La clase estaba en silencio, las charlas matutinas se habían detenido, no se escuchaba ni un chirrido de chillas.
Los sentí mirándome, pensando cuan inteligentes eran ellos – todos tenían estrellas – y cuan estúpida era yo.
‘Ahora regresa a tu puesto y empieza desde el principio, luego tendrás tu estrella’.

Todavía recuerdo cuando caminaba a mi asiento, los demás niños bajaban sus cabezas mirando sus libros, tratando de no mirarme.

Pestañeé fuerte. Sentí algo en mis ojos. En el recreo ni siquiera mi amiga Amanda jugó conmigo. Ella se unió a un juego de saltos con algunas de las otras chicas. En el otro extremo del patio de recreo había un viejo juego de saltos marcado en el piso con tiza, encontré una piedra y empecé a jugar yo sola.


La Sra. Horrible era una bruja, era un hecho. Y me había echado un maleficio. Yo sabía que en su casa tenía un sombrero de bruja, una escoba y recolectaba cosas como arañas y hormigas para hacer maleficios con ellas.

Yo tenía seis años. No era lo suficientemente mayor para odiar a alguien. Pero yo odiaba a la Sra. Horrible. Y creo que ella debió odiarme a mí también. Pero no encuentro la razón. Yo nunca llegaba tarde, siempre estaba limpia y arreglada. Ella me dijo que yo estaba atrasada. ¿Cuán traumatizante es eso?

‘Es una lástima que no impartan clases de reparación, Victoria, porque allí es donde tú perteneces’.

Así que la Sra. Horrible me colocó en la parte de atrás de la clase porque de esa manera no sería una mala influencia para los otros.

En esa época si notaban que eras lento para leer podían creer que eras disléxico y te daban una ayuda extra, o al menos ser buenos contigo. Yo no pienso que era disléxica, creo que sólo estaba aburrida.

Aunque tuve uno o dos maestros buenos a través de los años, maestros que me dieron valor y no me hicieron sentir fuera de lugar, la Sra. Horrible fue mi primera maestra y rompió completamente mi autoconfianza porque luego de eso yo evitaba hacer cualquier cosa que me recordara a ella. Como leer. Creo que fue por eso que dejé de leer.

La escuela primaria de Goff Oak era como una escuela pueblerina chapada a la antigua, aunque Goff Oak no era exactamente un pueblo. En la ocasión que nos mudamos allá era tal como es ahora, un suburbio en progreso comunicado con otras ciudades (a treinta minutos de la calle Liverpool) en el norte de Londres a lo largo de la A10, pasando por el M25 tan lejos como Hertford, como Waltham Cross, Cheshunt, Broxbourne y Hoddesdon. Aunque estaba tan cerca del centro de Londres no había gente de color en nuestra escuela. Ni uno, de hecho, tampoco habían extranjeros. Todos éramos lindas niñas y niños blancos. Y haciendo mención a eso todos llevábamos una vida muy tranquila.

Mi mejor amiga, Amanda Davies, era muy bella, tenía cabello rubio corto, manos lindas, lindas uñas, piel perfecta y anteojos. Ella era el tipo de chicas que, al ser mayor, le daba la vuelta al uniforme de la escuela para hacerlo ver genial. Teníamos que vestir una falda por las rodillas color marrón con pliegues gruesos, una camisa dorada, una corbata color dorada y marrón y un chaleco y un blazer color marrón.

Su falda siempre era ligeramente corta. Ella siempre tenía una cartuchera y un morral geniales y usabas tacones altos. Yo siempre estaba impecable pero no genial.

Una vez a la semana, luego del recreo de la mañana teníamos Muestra y Cuenta, donde podías traer cosas interesantes a la escuela y hablar sobre ellas con el resto de la clase, como un nido de aves. Otras personas siempre parecían tener cosas más interesantes que yo en Muestra y Cuenta, particularmente Amanda.

Todavía puedo recordar cosas que trajo – como un escarabajo rojo y brillante, una moneda de Roma que su padre encontró cerca del camino romano que bordea a Broxbourne Woods, una botella verde con un tapón de mármol.

Una de las cosas más interesantes que encontré para llevar fue un pedazo de plástico que parecía ser parte de un rompecabezas que debías encajar en una hendidura. Mi mamá acababa de llegar del hospital con mi nuevo hermano Christian, le enseñó esa cosa a todos sus amigos que fueron de visita y dijo como lo había encontrado mientras lo agitaba en sus manos. Todos parecían estar muy interesados.

‘Ven aquí Victoria, ¿qué es lo que tienes?’
‘Algo para Muestra y Cuenta’
‘Abre tu mano’
‘No puedes llevar esto a la escuela’
‘Pero mami, ¿por qué no?’
‘Porque no es conveniente’
‘¿Por qué no?’
‘Porque es mi rollo’
‘¿Qué es un rollo?’
‘Es para no tener más bebés’
‘Pero acabas de tener un bebé’

A veces los adultos eran difíciles de entender, incluso mi mamá. En vez de enojarse conmigo parecía estarse riendo.
‘No hagas más preguntas. Si no te apresuras no habrá tiempo de hacerte las trenzas y tendré que hacerte una cola’. Mi mamá siempre me peinaba hasta que tuve catorce años.

Como fui creciendo me detenía en el patio de juegos observando a los otros chicos jugar a los saltos en el suelo, a saltar la cuerda o sólo murmullando en el patio de juegos, entonces hice lo que disfrutaba hacer, bailar. No sólo bailé alrededor, hice todos los bailes importantes. Algunas veces fue ballet, otras veces moderno. Luego cuando terminamos el registro de la tarde, nuestra maestra la Sra. Hardy me dijo, ‘¿Tienes otro baile para nosotros hoy, Victoria?’ y yo le respondí que si. Luego ella le dijo al resto de la clase que se sentaran y yo tomé mi lugar en frente de ellos, coloqué el cassette de lo que fuera que iba a hacer y comenzaba. Esto sucedió todos los días literalmente. O así lo recuerdo.

Yo estaba muy impaciente por actuar – me sentía más cómoda estando en escena que sentada detrás de un escritorio. Si no los hice sonreír, los hice reír, y de eso era lo que se trataba la actuación. Cada navidad hacíamos un acto escolar y yo hacía lo que fuera con tal de estar dentro, buscando siempre un papel principal. Un año nos dijeron que hiciéramos de Frostie el muñeco de nieve. Y la Sra. Hardy dijo ‘Alguien tiene algún traje que se parezca a un muñeco de nieve?’, Yo levanté la mano y dije ‘Yo tengo’.

Bueno, lo tuve para la mañana siguiente. Mi mamá era brillante con los trajes. Donde hubiera un concurso de trajes de fantasía ella hacía algunos especiales para mí y para Louise. Ella adoraba los concursos – incluso nuestro Yorkshire terrier ganó el premio como perro más lindo. Yo sabía que podía hacerme el mejor traje de muñeco de nieve que pudieran imaginar. Y lo hizo de material sobrante de unas cortinas. Tenía forma de hombre de jengibre, con botones negros, los cuales usé junto con un sombrero de copa y una bufanda.

Nosotros vivíamos como a una milla de la que había sido la escuela pueblerina Goff Oak hasta los sesentas, antes que la nueva escuela fuera construída. Era una construcción blanca y negra de estilo victoriano. Mi mamá vio el aviso en un diario que había colocado en el piso de la cocina. Nuestro perro en esa época era una Yorkshire terrier llamada Samantha, era muy vieja y se había orinado sobre él. Así fue como ella miró el anuncio ‘Magnífica residencia con estilo ubicada en una buena zona campestre’.

En esa época estábamos viviendo en una pequeña casa en Hoddesdon que mi mamá y mi papá habían comprado cuando se casaron y yo había nacido el 17 de abril de 1974. Yo no nací en Caxton Road. Nací en el hospital de Harlow, pero por años traté de olvidarlo porque Harlow está en Essex. Spice Girls si, Essex Girl no.

La vieja casa-escuela era más de lo que podían pagar pero la compraron de todas formas. En 1977 no habían otras casas, sólo la iglesia y una discoteca al final de la calle, pero no era del todo campestre. Si creyeras en lo que dicen los diarios pensarías que estábamos en el centro del país. No era así. Nos circundaban antiguos viveros – por donde observaras habían cientos de invernaderos que quedaron de la época. Cuando en Lea Valley crecían tomates y pepinos más que en cualquier otro lugar de Inglaterra. Muchos de ellos ya cerraron, se convirtieron en pequeñas fincas – casas con estilo ejecutivo. Papá piensa que los invernaderos eran muy feos a la vista y las casas nuevas no estaban mal porque sólo les dejaban construir cuatro por cada acre. Pero los extraño. Los invernaderos. A veces los vidrios brillaban tanto que era como estar en la playa. Y yo siempre había querido vivir donde hubiera agua.

Las personas que modificaron la casa habían puesto unas escaleras, pero así a ellos les pareciera bien, estaban mal hechas y mi papá decidió tumbar todo y volverlas a hacer. Él era muy bueno reconstruyendo casas. Incluso lo hizo en la casa de Hoddeson y eso que estaba nueva. Lo que ellos querían eran ventanas con estilo georgiano, él se decidió y colocó algunas, luego obtuvieron un mejor precio cuando la vendieron, sin importar que estaban en una zona de los setentas.

En mis recuerdos más lejanos veo a mi hermana arrastrándose entre pilas de cemento. Yo tenía tres años y medio y ella tenía un año. En mis primeros años era como vivir en una construcción, era horroroso, con las paredes a medio tumbar. Recuerdo cuando subía sobre los calentadores, lavamanos y tablas de madera y las puertas sin manillas. La única habitación que estaba terminada era la que compartíamos Louise y yo.

Mi padre acababa de empezar con un negocio propio de vendedor de piezas eléctricas al por mayor así que no podía pagarle a obreros. Mi padre es asombroso, hizo la mayoría del trabajo él mismo, ayudado por unos amigos constructores y mi abuelo, el padre de mi mamá, que era un estibador.

Él tenía el cabello peinado hacia atrás y tenía una calva en la parte de arriba. Mi abuelo era un completo caballero. Incluso cuando hacía jardinería utilizaba un traje, y cuando hacía calor pedía permiso para quitarse la chaqueta. Debajo siempre tenía un chaleco en forma de V – para que no le llegara la muerte, decía Nana. Por años él se preocupaba porque la muerte era algo que podía llegarle.

La familia de mi mamá era de Tottenham, en el norte de Londres, que en esa época era algo elegante, al menos en comparación con Edmonton, que quedaba más hacia el este, de donde provenía mi papá. Y ellos eran un poco adinerados. Mi abuelo trabajaba muchas horas y mi abuela solía rentarle habitaciones a futbolistas de Tottenham Hotspur, que quedaba en el camino. Los futbolistas ganaban nueve libras a la semana.

Desde que abuelo trabajaba en el puerto siempre traía animales raros – sus pequeños pasajeros clandestinos, como Nana los llamaba. Ellos tenían un pingüino que mantenían en la bañera y un mono llamado Jackie. Me encantaba escuchar las historias de mi abuela acerca de Jackie, cómo era de traviesa y cómo le encantaba la mermelada. Una vez agarró frasco de mermelada de la alacena y estaba corriendo por toda la cocina con el frasco en la mano, por el clóset y las cortinas. Esto fue en la guerra y mi abuela había guardado todos los cupones para cambiarlos por la mermelada. Y ella le decía, por favor Jackie, dame el envase de mermelada. Y Jackie lo lanzó al suelo y se rompió. Al final, cuando no pudieron más con Jackie, la llevaron al zoológico.

Cuando mi mamá nació la llamaron Jackie. Una vez le pregunté si no le importaba llamarse igual que un mono. Ella me dijo que no lo había pensado.

Mis abuelos esperaron hasta que finalizara la guerra para tener a mi mamá. Para entonces Nana tenía 39 años y ya era muy tarde para tener hijos, por eso es que mamá no tuvo hermanos o hermanas.

Yo quería a mi abuela y a mi abuelo. Tottenham no estaba lejos en auto así que ellos nos cuidaban con frecuencia. A veces íbamos nosotros para allá pero era más común que ellos vinieran. Recuerdo cuando yo estaba sentada en la ventana esperando que llegara en carrera el viejo Ford Zephyr. Y en carrera era la palabra. La muerte sobre ruedas. Mamá lo llamaba así. No respetaba indicaciones, no bajaba la velocidad. Yo me sentí tan mal cuando tenía diez años y mamá dejó de llevarnos en el auto con él.

Cuando veíamos el auto estacionarse, todas tres corríamos hacia abajo y peleábamos para ver quién sería la primera en abrir la puerta de entrada de la casa. Nana siempre tenía algo en el bolsillo para nosotras. Mi mamá siendo hija única siempre fue la consentida y ahora hacían lo mismo con nosotras. Ésta era una época en que mi papá y mi mamá no tenían nada. No podían comprar ni un horno – mi mamá cocinaba la comida en una estufa Primus. Recuerdo que una vez mi papá y yo fuimos a buscar un regalo de cumpleaños para ella y le compró un champú, un acondicionador y un jabón porque no podía comprar nada más. Y recuerdo haberme enojado mucho porque yo quería comprarle un regalo también. Pero mi abuela siempre tenía una cosita para nosotros en su bolsillo. Nos decía, ‘Aquí hay algo de dinero, no le digan a su mamá ni a su abuelo’, también nos daba dulces. No como mi otra abuela. Una vez la vi esconder una caja de chocolates que le habían dado, sólo para no darnos a nosotras. Pero yo la seguía queriendo, a pesar de todo era mi abuela.

La familia Adams no era como la familia Cannon. Cuando mi mamá comenzó a salir con mi papá, mi abuela pensó que era ‘Un poco libertino’, pero una vez que lo conoció ella lo adoraba. Era como el hijo que nunca había tenido.

De hecho, la niñez de mi padre fue algo triste. En sus primeros recuerdos tenía que recoger colillas de cigarrillos de los ceniceros de los bares para que su padre fumara. Mi padre era uno de esos chicos que rondaban en las afueras del bar por horas esperando que su padre llegara. Y creo que mi mamá era igual. Acostumbraban a dejarle todo el trabajo de la casa. Nunca tuvo juguetes o algo parecido. Una navidad le dieron una bicicleta y él no lo podía creer. Estaba impactado. Se olvidaron de decirle que él era el que tenía que pagar las cuotas. Cuando escucharon que se iba a casar lo primero que dijeron fue, ‘entonces ¿quién va a hacer nuestra decoración ahora?’. Pero aún sabiendo esto no los dejo de querer. Después de todo ellos eran mis abuelos.

Mis padres se casaron en una iglesia que estaba ubicada al otro lado de donde vivía mi mamá en Westbury Avenue. Se conocieron en una fiesta. Mi mamá estaba saliendo con alguien más en esa época. ‘Un tipo realmente guapo de 6 pies con 4’, decía mi papá. Y papá apenas medía como 5 pies con 9. De todas maneras, ese chico se descuidó y Jackie y Tony – así se llama mi papá- terminaron conversando. Luego este tipo regresó y les vació una taza de café encima a los dos. Mi mamá seguía evitándolo hasta que la próxima semana mi papá consiguió su número y así sucedió.

Mi mamá tenía sólo 17 años cuando comenzaron a salir. Trabajaba en la compañía de seguros Phoenix ubicada en un centro comercial. Yo nací unos diez años después pero todavía la recuerdo muy glamorosa, con cabello largo y oscuro, y ojos azules.

Ella todavía es glamorosa, posiblemente más que en esa época porque ahora tiene la ropa adecuada. Es igual de delgada pero su cabello largo y oscuro ahora es corto y rubio.

Vivíamos como a una milla de la escuela así que papá acostumbraba a llevarnos en el auto, un brillante y verde Hillman Avenger, pero le quitó todos los asientos y quedó como una van. Así que teníamos que aplastar cajas de cables y de apagadores y largos tubos de neón. Algunos de los cables rompían cosas como los cartones que protegían los carretes de algodón, donde siempre tratábamos de sentarnos para no ensuciar el uniforme. Pero si pensábamos que eso era malo, no era nada comparado con montarnos en el Rolls-Royce de mi papá

 

SPICEHEART.COM // TU PUNTO DE REFERENCIA SPICE

:: WWW. MENÚ