:: LEARNING TO FLY - TRADUCCIONES :: |
CAPÍTULOS 6 - SE BUSCA
Había enviado una foto y el currículo como el anuncio decía. Un par de días
después el teléfono sonó. ¿Podía acudir a una audición y llevar algo de música
para bailar?
La cinta que llevé fue “Let Me Be Your Fantasy” de Baby D, una canción de club
que había sido un éxito aquel Noviembre. Era muy “house” así que cuando la
pusieron yo sólo di algunos saltitos por ahí. En cuanto a la canción, “Mein Herr”
debió darle risa a todo el mundo.
La mayoría de las audiciones siguen las mismas líneas, pero esta era tan poco
profesional. Sólo había un par de tíos mirando y ni siquiera echaron un vistazo
a mi portafolio. El más importante, el que tenía el sueño de tener esta banda
era Steve Andrews, el mismísimo Sarf de Londres, pero era guapo de un modo
excesivo: bronceado, bastante cachas, pelo moreno, el tipo del que tu madre
diría “¡Oh, que chico tan guapo!”. Y lo era, desde lejos. Pero si te acercabas
podías decir que casi todo, en especial el bronceado, era falso.
“Pues, bien, Victoria. Gracias por venir. Ya te llamaremos.”
Lo típico.
Pero un par de días después realmente me llamó. ¿Podía ir a otra cita? Un club
en la carretera de Uxbridge, pasado Shepherd’s Bush.
Los clubs son sitios bastante tristes durante el día. Te parece como si en
cualquier momento un striper fuera a salir y empezara a enseñarlo todo,
literalmente. Curiosamente, resultó que el mismo Steve era striper, este era su
trabajo de día.
Debíamos de ser unos diez y allí estamos dándolo todo bajo las luces de
discoteca en esta pista de baile tan cutre y cantando “Band of Gold”. Pero nadie
nos mira, el personal del club y los camareros van de un lado a otro limpiando y
arreglando el sitio. Y yo pienso “así debe de resultar ser un Redcoat en Butlins”.
Y Steve está ahí delante haciendo su pavoneo estilo Mick Jagger, tacones
cubanos, chaqueta de cuero con el cuello subido sin nada debajo, el pecho
afeitado y unos vaqueros tan apretados que su paquete parecía enorme. Y después:
“Ya te llamaré”.
Y lo hizo al día siguiente y me dijo que, si yo estaba interesada, le gustaría
tenerme en el grupo. Ninguna mención a un trabajo en sí o al dinero, pero eso no
importaba. ¡Un grupo! ¡Me habían cogido en un grupo! Estaba realmente
emocionada. Mi trabajo de promoción me mantendría hasta que esto despegara.
El estudio en el que ensayábamos estaba en Park Royal. Éramos cinco, tres chicas
y dos chicos, incluido Steve. Estaba Natasha a la que había conocido en Laine’s;
era la típica chica de Laine’s, alta y delgada. Había otra Natasha, una chica
negra que era muy buena cantante. Curioso, dos Natashas. Y, además de Steve,
estaba Nick, un poco mayor que el resto de nosotros, de treinta y pico. Había
hecho algo de danza y algo de modelaje. Todo el mundo estaba bien pero nadie
destacaba.
Habíamos quedado tres veces por semana en este cutre y pequeño estudio para
ensayar. Yo era la cantante solista. La única canción que recuerdo era una
balada que había escrito un tipo negro que Steve conocía. Era: “Quiero ser la
única, la única, que te lleve a casa. Quiero ser la única, la única. Quiero ser
la única, ser la única que te lleve a casa, quiero ser la única, ser la única”.
Se llamaba, sorpresa, “Ser La Única”. El grupo se llamaba Persuasión. Se iba a
necesitar algo más que persuasión para que alguien se interesara en nosotros.
Entonces, a mediados de Marzo, estaba leyendo The Stage durante el desayuno y vi
un anuncio para otra banda.
SE BUSCA
¿Tienes 18- 23 años, con habilidad para cantar/bailar?
¿Eres lista, abierta, ambiciosa y dedicada?
Herat Management Ltd es un exitoso Consorcio de dirección
de la industria musical que actualmente está formando
un grupo pop femenino de cantantes y bailarinas para grabar disco.
Audiciones el 27 de Marzo de 1994 en Dance Works
Frente a Selfridges, de 11 a 4.
Estuvo claro desde el momento que entré por la puerta que esto era algo
totalmente distinto a Persuasión. Para empezar, Dance Works era un estudio
profesional, de hecho todo en la audición era totalmente profesional. Había
literalmente cientos de chicas y ésta no era la única audión. Estaban haciendo
pruebas por todo el país.
Nos cogían a unas cincuenta de cada vez y nos enseñaban los pasos. Después, diez
salía y lo hacían, después las diez siguientes, etc. No era algo muy difícil,
más bien como baile de la calle, bastante relajado. Pero desde el principio supe
que pasar a la siguiente ronda iba a ser duro. Había algunas bailarinas
fantásticas, y cuando llegamos a ello, algunas cantantes fantásticas.
No pudo evitar notar que algunas de las mejores voces no pasaban. Tenía que
repetirme a mí misma que no se trataba de una audición para el West End, que el
estar en un grupo pop no se trata de tener la mejor voz, se trata de imagen y
personalidad. Sin ni siquiera darme cuenta, los abrigos y bolsos que se habían
amontonado en el suelo al principio estaban desapareciendo poco a poco. Y yo
estaba aún allí. ¿Cuántas buscaban? El anuncio no lo decía.
Cuando llegó la canción individuañ, supe que mi suerte se había acabado. ¿Qué
oportunidad tenía yo con “Mein Herr”? Con ella había conseguido “Bertie”, pero
¿un grupo de pop? No había modo de que yo siguiera adelante contra estas chicas
cantando “I Will Survive” y Whitney Houston.
Así que me quedé allí de pie, cabeza baja, manos en las caderas y les di a Liza
Minnelli, Judy Garland y Elaine Paige todas juntas.
“Gracias, eh, Victoria. Estaremos en contacto”.
El “nosotros” eran dos hombres, padre e hijo, y una mujer joven. Pero para ser
sincera, no les presté mucha atención. Había tenido que cantar mi canción y
realmente nunca pensé en llegar tan lejos. Tal vez debía encontrar otra canción
si iba a pensar seriamente en seguir la ruta de pop.
Así que fue vuelta a los sujetadores con relleno y las camisetas apretadas con
el nombre de alguna empresa en mi pecho, repartiendo folletos y ensayando
algunas veces por semana con Persuasión. Habían pasado más de dos semanas y no
había oído nada del grupo de chicas, así que probablemente eso era todo.
Fue como un mes después de la audición original cuando llamaron otra vez. Siete
días después de mi 21 cumpleaños (el 24 de Abril). ¿Estaba libre para una nueva
cita?
Estaba tan emocionada. Intenté recordar cuántas de nosotras habíamos quedado al
final. Alrededor de treinta. ¿Cuántas habría en la nueva audición?
Se celebraba en los estudios Nomis, en una calle lateral entre Shepherd’s Bus y
Olympia. Nos llamaron una por una para repasar nuestro portafolio y currículo
con Bob y Chris Herbert, que era como se llamaban el padre y el hijo.
Habían visto ya a la mitad de la gente cuando esta chica entra con un estrépito
por las puertas dobles, medio tropezando con lo que parecían una zapatos de
plataforma de Vivienne Weswood y un bolso original de los años 60 del que caían
maquillaje y llaves por todos lados. Todas no giramos y nos quedamos mirando.
Lleva un abrigo púrpura con plumas de marabú alrededor del cuello y debajo tiene
unos pantalones de los 70 púrpura oscuro y acampanados. Y ese pelo rojizo, la
mitad hacia arriba, la otra mitad hacia abajo. Montones de maquillaje, pómulos
muy altos, ojos chispeantes, piel brillante. Era realmente pequeñita, muy
delgada y obviamente muy muy atolondrada. De hecho era puñeteramente rara. Esta
era Geri.
La reconocí de un mes antes cuando ambas habíamos hecho una audición para una
película llamada Tank Girl. Tank Girl era originalmente un anuncio pero hubo
toda esta publicidad sobre cómo iba a convertirse en un gran éxito de Hollywood.
El anuncio en el Stage decía: “Estamos buscando a la estrella de un film da
acción futurista”. Incluso pusieron anuncios en la radio.
De nuevo era una audición abierta y había literalmente cientos de chicas
haciendo cola en un cine en Leicester Square. La mayoría iban vestidas como Tank
Girl: una especie de look punk provocativo, medias agujereadas, montones de
maquillaje. La Señorita Sofisticada llevaba un traje elegante y tacones. No se
me había ocurrido que quisieran el método de actuación completo. En cualquier
caso, yo estaba después de Geri en la cola y empezamos a charlar inmediatamente.
Era realmente dicharachera y simpática, llevaba unos shorts rotos, leotardos de
rejilla agujereados y el pelo atado en nudos como un caníbal de un viejo anuario
del oso Rupert.
Fue como un mini test de pantalla. Nos dividieron en grupos de diez y nos
preguntaron sobre nosotras en camara. Así que diez personas entraban en la
habitación donde estaban rodando y el resto esperábamos fuera hasta que nuestro
número era llamado.
Estoy sentada en el vestíbulo esperando con Geri y estamos charlando cuando de
repente ella desaparece y vuelve después con un paquete de palomitas. ¡Lo había
robado! Ha tenido que hacerlo, me dice, porque su nivel de azúcar estaba bajo y
no tenía dinero. Así que me ofrece algunas palomitas y yo le digo “No gracias”.
No porque no quisiera sino porque estaba demasiado asustada.
Entonces entra esta mujer y empieza a gritarme pensando por alguna razón que lo
había robado yo. Y yo siento mi cara ponerse rojo brillante y, obviamente, no
puedo decir nada de Geri, así que sólo digo “No, no lo hice, no fui yo, lo
juro”, una y otra vez. Entonces se marcha y Geri sigue echándose palomitas a la
boca sonriendo. Y ahí estoy yo tan educada que ni siquiera cogería de esas
palomitas porque no quiero ser vista comiendo una propiedad robada.
Entramos después de un par de hora. Nos ponen de pie en una fila y una por una
teníamos que decir a la cámara porqué pensábamos que debíamos ser Tank Girl.
“Creo que debería ser Tank Girl porque adoro tirarme canguros y tengo el mejor
par de tetas que hayáis visto”. Esta era la chica anterior a Geri. Después se
levanta el top y empieza a menear sus tetas delante de la cámara. (Más tarde
supe que Tank Girl en el comic solía tener líos amorosos con canguros).
Y yo pienso: “¿qué hago yo aquí? Todo el mundo trata de ser escandaloso y yo soy
tan poco escandalosa. Me siento tan avergonzada, esta no es mi forma de ser.
Antes de que tuviera tiempo de decidir si me marchaba de allí, Geri empezó.
“Yo debería ser Tank Girl porque....”
No recuerdo lo que dijo pero daba tantos gritos. Y era como “quítate tu ropa
aburrida, ponte estos tacones enormes y se toda una CHICA”.
Y después yo, Morticia Adams con granos.
Di un paso adelante, mire directamente a la cámara y dije: “¿Qué puedo decir
después de eso?”. Pausa. “Puedo actuar”. Me encogí de hombros. “Eso es todo”.
No conseguí el papel. Geri no consiguió el papel, la chica a la que le gustaba
tirarse canguros no consiguió el papel.Ninguna de las miles que hicieron cola lo
consiguió. Resultó que Tank Girl ya había sido elegida. Todo fue un truco
publicitario, probablemente para elevar las finanzas que no tenían, una escena
que se convertiría en algo muy familiar algunos años después.
Ahora aquí estaba Geri de nuevo. Nos intercambiamos grandes sonrisas de
reconocimiento y de repente sentí que quería que ella fuera mi amiga. En aquel
momento pensé que era porque no conocía a nadie más, pero después me di cuenta
que todo el mundo se sentía así cerca de Geri: tenía en ella una vena cariñosa
de la que todos querían formar parte. Igual que Melanie Brown, como más tarde
descubrí.
Después de ver a Bob y a Chris individualmente, nos dividieron en grupos de
cuatro y nos dieron un radiocasete y una cinta, “Just A Step From Heaven” de
Eternal, que, cuando nosotras empezamos, era el único grupo de chicas. Nos
dijeron que teníamos 45 minutos para hacer una coreografía.
Una situación así es como el juego de las sillas: sabes que no hay suficientes
sillas para todas y te pasas la mitad del tiempo mirando lo que hacen las demás.
Y recuerdo que pensé “estoy en el grupo con las chicas más guapas”. ¿Era
casualidad?, me preguntaba, ¿o significaba algo?. Geri no estaba en nuestro
grupo, pero estaba esta loca chica mulata llamada Melanie Brown. Recuerdo que
pensé que era realmente preciosa: un cuerpecito adorable, bonito par de tetas,
piel perfecta y todo ese pelo negro rizado. Llevaba un top color crema y una
pequeña falda crema de linea A con botones en la parte de delante. Tenía un
fuerte acento del Norte y era muy abierta y segura de sí misma. De hecho, si soy
sincera, me asustaba un poco.
Había una chica galesa que parecía algo mayor que el resto de nosotras. Era muy
delgada, pelo corto oscuro, con una fantástica voz. Finalmente estaba Michelle
Stephenson, alta con tirabuzones castaños y también muy bonita; el tipo de chica
que te imaginas en un anuncio de cereales, complexión clara, unas pecas y un
bronceado permanente. Era una de esas que no necesita mucho maquillaje, sólo un
toque de máscara y un poco de brillo de labios.
Después de un rato caí en la cuenta de que las otras tres llevaban estas
pequeñas minifaldas y yo iba totalmente distinta: pelo oscuro liso, mi habitual
color negro adelgazante, leotardos, top ajustado y un par de grandes botas
negras, un cruce entre botas ortopédicas y esas cosas con hebillas doradas que
Michael Jackson podría llevar. Pendientes dorados y una gargantilla de cuero con
una piedra marrón colgando que parecía un poco una piedra que desenterrarías del
jardín pero que en realidad había comprado en Oasis.
“¿Queréis algo chicas?” dijo Bob Herbert señalando hacia un mostrador lleno de
latas, botellas y comida. Estábamos en la zona de recepción esperando nuestro
turno. “Es todo gratis”.
Nos miramos unas a otras. Normalmente no tenías esto en las audiciones y todas
nos quedamos alucinadas. Así que fue como “vale, esto está muy bien”. Yo tome un
bocadillo y una CocaCola light. Melanie Brown por su parte cogió una botella de
vino. En cualquier otra persona habría sido pasarse de la raya pero con ella era
simplemente una travesura. Olvida la CocaCola, ¿alguien quiere un vaso? Desde el
principio Melanie siempre tuvo la valentía de decir lo que pensaba, hacer lo que
le apetecía, ir un poco más lejos. Era parte de su personalidad y parte de lo
que hacía que la gente la adorara.
Entonces empezamos. Melanie había empezado la coreografía y ésta era bastante
funky. Todas éramos buenas bailarinas excepto Michelle que tenía problemas para
pillarlo.
El escenario era bastante bajo, sólo un pie por encima del suelo. Estaba la
misma gente mirándonos: Bob Herbert, el padre, muy “corrupción en Miami” (el
traje, el pelo, el medallón), su hijo Chris, de veintitantos, bastante delgado,
más informal, vaqueros y Timberlands, y la novia de Chris, que fue presentada
como la estilista, Shelley.
“Eso ha estado genial, chicas, genial, genial”, dijo Chris cuando terminamos con
toda la confianza de “eso ya lo conozco”, “estoy en el negocio de la música”.
“Ahora nos gustaría que le enseñarais vuestra coreografía a Geri”, dijo y señaló
hacia donde Geri había entrado. Ella me hizo una mueca traviesa.
“¿Creéis que podréis hacerlo?”
Así que nos fuimos de vuelta a nuestra pequeña sala de ensayo que no era el
mejor lugar del mundo para aprender un baile, en especial cuando la persona que
está aprendiendo no es una bailarina. Resultó que Geri ni siquiera había ido a
la primera audición. Se había colado, simplemente dijo que estaba enferma y les
rogó que la pusieran directamente en la segunda audición. Pero podías ver
claramente lo que pasaba con ella, todo ese marabú en su cuello y todo ese pelo
rojo: estaba completamente chiflada, completamente pasada. El tipo de persona
“sí, he escalado el Everest, lo he hecho todo” con quien te gustaría tratar. De
hecho, había vivido mucho más que el resto de nosotras: había vivido de ocupa,
había trabajado en Turquía y Mallorca, había visto mundo. Las demás acabábamos
de salir de la escuela.
Así que hicimos la coreografía de nuevo, esta vez con Geri, si puedes usar “con”
para describir a alguien que no estaba con nosotras en absoluto.
El sentimiento de superioridad no duró mucho. Lo siguiente que nos dijeron fue
que teníamos que cantar en solitario y tenía que ser una canción pop, dijo Chris
mirándome directamente a mí. Así que nada de “Mein Herr” pues.
Como no tenía canción me hicieron un par de sugerencias y tuve que escoger una
de ellas. No puedo recordar ahora cual fue, sólo que fue terrible: el pianista
toco en su tono y yo canté en el mío. Empezó bien pero luego subió demasiado
alto. Y recuerdo que estaba allí de pie en el pequeño escenario intentando
cantar aquella maldita canción y sabiendo que no estaba cantando, estaba
graznando. Lo estaba haciendo tan mal que ni siquiera estaba nerviosa. Debió de
ser como cuando estás en la guerra y sabes que vas a morir de cualquier modo.
Como a la mitad de la canción me rendí.
“Mirad”, dije, “no puedo hacer esto, parezco un gato”. Las otras chicas miraban
al suelo. Yo estaba desesperada. Lo había hecho tan bien llegando hasta aquí y
se me estaba escapando como una pastilla de jabón en la bañera. “Pero yo sé
cantar, lo prometo, realmente sé cantar. Simplemente este no es mi tono”. Me
quedé allí de pie, manos en las caderas, como un profesor de colegio. Y allí fue
dónde surgió mi personalidad. No aparté la mirada, no estaba pidiendo perdón,
sólo les miré instándoles a que me creyeran.
Mientras estaba allí arriba hablándoles no me sentía mal porque, de hecho, soy
bastante buena convenciendo a la gente. Pero después tuve que quedarme a un lado
y escuchar a las otras chicas que, aparte de Geri, eran realmente buenas. Geri
al menos tenía una canción que pegaba con su voz. Y era tan embarazoso darme
cuenta de que había tenido el valor de estar allí de pie y de decirles que podía
cantar. Sólo pensé: “Bueno, esto es todo; de todos esos cientos de chicas he
llegado a las cinco últimas y después la he cagado.”
“Ya te llamaremos”
Como diciendo: “gracias pero no, gracias.”
Recibí la llamada pocos días después. Era Chris.
“Victoria. Hola. ¿Estarías libre para volver a vernos la semana que viene?”
¿Qué si estaba libre? Libre como un maldito pájaro.
“Te enviaré una cinta, Signed, Sealed, Delivered de Stevie Wonder. Tal vez la
conoces. Nos gustaría ver como combinan vuestras voces.”
¡Stevie Wonder! No podía creer mi suerte. Yo había sido educada por mi padre con
Stevie Wonder. Estaba tan emocionada. Olvídate de Persuasión. Bueno, no del
todo. Tenía que recordarme a mí misma una y otra vez que se trataba sólo de una
nueva audición después de todo. Nada más que eso. Pero de las cinco chicas yo
tenía una nueva audición. ¿Cuántas chicas querrían en el grupo? Si eran cuatro
yo me quedaría fuera.
Una semana después estábamos de vuelta en Shepherd’s Bus. Yo esperaba estar
dentro del mismo grupo de cinco pero no lo estaba. La chica galesa con la voz
excelente no estaba allí, en su lugar había una chica que decía que me conocía
llamada Melanie Chisholm. Tenía acento de Liverpool y yo no podía recordar
haberla visto antes. Me dijo que había estado en Doreen Bird’s, la escuela a la
que yo habría ido si no hubiera conseguido la plaza en Laine’s. Era muy dulce y
parecía una persona realmente maja y cariñosa. Llevaba una falda negra de línea
A con botones en la parte de delante, un top negro apretado, el pelo peinado
hacia atrás muy tirante y pintalabios rojo brillante.
Esta vez yo estaba realmente asustada. Al principio había sido sólo otra
audición. ¿Cuántas audiciones había hecho en los últimos diez años?, ¿treinta?,
¿cuarenta? Pero esta era diferente. El solo que había hecho la última vez era
como un terrible obstáculo que había superado de algún modo, pero sabía que no
tenía margen de error. Al menos Stevie Wonder podía cantarlo.
Así que nos ponemos alrededor del piano y en primer lugar cantamos
individualmente. Melanie B estaba muy segura pero ella era ya bastante
profesional: había salido en Coronation Street y Emmerdale Farm. Melanie C, que
había estado en la primera audición pero se había perdido la segunda porque
había tenido un problema con sus amígdalas, era una buena cantante nata,
generalmente era mucho más controlada y sonaba mucho más entrenada que el resto
de nosotras. Por su parte Geri era más del tipo “cantamos de pie en un pub” con
su voz ronca a juego. Yo era más “”llévame al Music may”. Geri no tenía un
talento sobresaliente pero podía cantar cualquier cosa y gritaba mucho más que
yo. Pura personalidad. Michelle tenía una buena voz pero no era nada pop. Y
recuerdo que pensé: “Bueno, si el grupo es de cuatro, tengo más oportunidades
que Michelle”, principalmente porque yo podía bailar y ella no.
Una canción soul de Stevie Wonder como era Signed, Sealed, Delivered, te toca el
sentimiento, lo que afecta a tu vocalización. Pon juntas a cinco personas
diferentes y sentirán cosas completamente diferentes.
Nuestro primer intento fue terrible. A falta de otra cosa, todas queríamos este
trabajo. No éramos un equipo, éramos cinco corredores que querían alcanzar el
oro. Todas queríamos que nuestra voz se oyera y que se jodieran las demás.
Teníamos personalidades muy fuertes así que estábamos gritando lo que debía ser
una tranquila canción soul. Bueno, cuatro de nosotras lo hacíamos, Michelle
estaba bastante callada.
Cuando llegamos nos habían presentado a otro hombre. El productor. Se llamaba
Chic Murphy , tenía una cara que podías describir como acogedora y hablaba como
si acabara de salir de East Enders. Debía de tener más de sesenta años, era
alto, con el pelo canoso, y estaba muy moreno, un bronceado real, no como Steve,
el tipo de bronceado que consigues pasando tres meses en Marbella y no tres
horas bajo una lámpara. Vestía bastante elegante pero informal y hablaba con un
verdadero acento del Est End. Tenía unas pequeñas estrella tatuadas en los
lóbulos de las orejas y nunca dejaba de fumar; fumaba cigarrillos normales pero
los ponía en unos filtros transparentes que siempre llevaba con él. Era una de
esas personas que en cualquier sitio que estuviera daba la impresión de ser el
dueño del lugar.
“Ya os llamaremos.”
Necesitábamos trabajar más juntas para ver si nuestras voces podían combinar,
dijo Chris cuando llamó unos días después.
“Nos gustaría que pasarais una semana juntas”, nos explicó. Habían reservado
habitaciones en una casa a las afueras de Windsor, y no lejos de allí había un
estudio. Todo estaría pagado. En cuanto a Persuasión, le dije a Steve que no
podría ensayar en unos diez días porque me iba fuera. Bueno, era verdad.
Aquella semana fui feliz de un modo que nunca habría imaginado que fuera
posible. Todas las mañanas nos apilábamos en un coche que venía a recogernos e
íbamos a los Trinity Studios en Working donde pasábamos todo el día trabajando
en el baile o las canciones. Por primera vez en mi vida estaba con gente que
quería conocerme y que yo les gustara y con las que tenía algo en común. No
parábamos de reír. Yo siempre había sido bastante callada y reservada y ya me
había reído con ellas más que con nadie que yo pudiera recordar.
Fue entonces cuando conocimos por primera vez a nuestra profesora de canta, Pepe
Lemer. Iba toda de Moschino Jeans y cinturones dorados de Versace, muy a lo
Dorian de Birds of a Feather. Era una de esas personas de las que puedes decir
que ha dado clases de elocución, muy teatral, con montones de pelo alborotado
pero que le quedaba bien.
Aunque había dado clases durante años, había empezado como cantante de coros,
nos dijo, así que sabía de lo que hablaba. La canción en la que teníamos que
trabajar era Take Me Away, una balada a medio tiempo. Nuestro mayor problema era
combinar. Un quinteto vocal perfectamente combinado y sin cantante solista es
una de las cosas más difíciles de conseguir así que no fue sorprendente que
cuando nos oímos en una grabación por primera vez sonáramos horrible. Aún no
sabíamos si teníamos el trabajo y, obviamente, cada una queríamos hacer lo
nuestro, lo que hacía el trabajo de Pepe realmente difícil. No nos interesaba
combinar, sólo queríamos coger la canción y hacerla. Queríamos estar en un grupo
pop y no en un condenado quinteto de barbería.
Cuando llegamos al tema del baile, de nuevo era una cuestión de equilibrio: tres
de nosotras podíamos bailar sin problema, las otras dos eran francamente un
desastre. El mayor problema de Michelle era la coordinación, pero Geri era la
peor: lo miraras como lo miraras, unos meses como gogó en Magaluf no es lo mismo
que diez años en una barra de danza, como se demostró.
Una semana nunca me pasó tan rápido. Olvida Jason’s, olvida Laine’s, esto era
como siempre pensé que sería ser un chico de Fama, un subidón de adrenalina. Era
como enamorarse, todo parecía nuevo y fresco.
Al final de la semana fuimos a un Pizza Hut de Windsor para nuestra comida de
despedida. Mientras el resto de nosotras nos pusimos como cerditas con pizzas y
helado, Geri atacó el menú de ensaladas. Hasta entonces ni siquiera sabía que
Pizza Hut tuviera ensaladas.
El último día hicimos nuestro número para Bob, Chris, Chic y Shelley. Todo
pareció ir bien, todo el mundo sonreía. Así que ¿estábamos dentro?
“Genial chicas, genial. Os llamaremos.”
Mi padre vino a recogerme. Como Geri vivía bastante cerca de nosotros, en
Watford, la llevamos a casa. Geri y yo habíamos compartido habitación y, aunque
estaba completamente loca, nos habíamos llevado realmente bien. Aunque nuestro
gusto en ropa era diferente, yo de diseño, Geri vintage, de los 70 y 80, ambas
teníamos estilo a nuestro modo.
Lo mejor de Geri era que nunca hacía las cosas a medias. Podía casi convertirse
en un personaje, como de los 80, 70 ó 60. No importaba si íbamos al estudio, al
supermercado o a un club, Geri se vestía de cualquier personaje que hubiera
decidido ser ese día. Todo el tiempo tenía muchísimo estilo y casi supo vestir
como una estrella del pop antes de serlo. De hecho, fue sólo tiempo después
cuando se volvió más informal porque casi no teníamos tiempo ni para ir al baño
y mucho menos para ir de compras.
Nos dijimos adiós con promesas de estar en contacto “pase lo que pase”. Geri fue
la primera persona de la que pude decir “esta es mi mejor amiga”.
Volví a casa sobre las ocho. Durante la semana había habido una ola de calor y
mi madre había hecho una barbacoa en el jardín. Mis padres siempre han sido muy
sociables y las barbacoas en el jardín son algo que han hecho desde que puedo
recordar.
Todo el mundo estaba allí: Louise y Christian, Dee y Del los amigos de mis
padres, y por supuesto, Mark. Hacía mucho calor y todos estaban en la piscina.
Recuerdo que me senté en mi cama y escuché los sonidos familiares de fuera,
voces, chapoteos,..., y, de repente, me sentí muy irreal. Acababa de llegar de
esta gran semana con cuatro chicas increíbles que querían hacer lo mismo que yo,
sentirse como yo, compartir la misma visión que yo. Nunca había tenido muchos
amigos y, de repente, era como si hubiese encontrado la gente con la que tenía
que estar. Sentada allí sola en la cama sentí que no quería romper el hechizo,
porque sabía que Mark estaba esperando por mi abajo como una nube negra en mi
nuevo cielo azul.
Ellas me enseñaron a divertirme. Me enseñaron cosas de mí misma, me mostraron
que yo tenía una personalidad. Por primera vez no me sentía avergonzada de ser
Victoria Adams. Toda mi vida la gente se había burlado de mi forma de vestir, a
ellas les gustaba cómo me vestía. Era como si ellas estuvieran recogiendo los
pedacitos que Mark había roto, incluso ya en aquella primera semana. Era como si
toda mi vida yo hubiera fingido ser yo, pero ahora por primera vez yo era
realmente yo. Casi una sensación de que estaba yendo a casa. Entonces de nuevo
oí a Mark Wood por la ventana dando gritos por algo. Fui abajo.
Él estaba sentado junto a la piscina con una lata de cerveza.
“Entonces”, dijo, “¿qué ha estado haciendo la pequeña estrella del pop toda la
semana?” Miraba hacia la barbacoa para ver si los trozos de pollo estaban
listos. Realmente no le importaba lo que yo había hecho toda la semana, pero se
lo conté de todos modos. Cómo las chicas con las que había estado eran
fantásticas, cómo tenían toda esa energía y entusiasmo y cómo todas teníamos el
mismo sueño, cómo todo estaba pasando tan rápido y cómo yo creía que realmente
podíamos hacerlo.
Mark no estaba impresionado.
“Grupos de chicas. Olvídalo, es una total pérdida de tiempo”.
Sólo estaba diciendo lo que todos pensaban entonces.
|